Frank Black: “Teenager of the Year” (1994): La Resistencia solitaria

Este álbum plasma el espectro de aristas musicales que Frank Black quería cubrir, con o sin Pixies.

Guía de: Música Indie

Con su segundo disco, Frank Black deja más que claro que casi el total poderío de Pixies residía en la cabeza de Charles Thompson. Si bien su portada no era muy atractiva y más parecíamos estar ante la presencia de Divine; con la avasalladora entrada de “Whatever happened to Pong?” había simplemente que rendirse ante tanta potencia y nostalgia: “Mi hermano y ello acostumbrábamos jugarlo en el bar pidiendo dinero a tipos más acostumbrados a jugar cartas…” y este contexto, lleno de crujientes guitarras y violentos cortes rítmicos, nos deja con las pupilas dilatadas esperando la existencia de algo que llegue a contener tanta potencia como el tema que ya se acaba y, sin pausas, “Thalassocracy” nos arroja otro barril explosivo que detona mientras aún arde la primera canción fuerte y repercutiva. “Thalassocracy” (del Griego; “el que gobierna el mar”) truena breve y efectiva para dar paso, por fin, a una leve baja de frecuencia con “(I want to live on an) Abstract Plain” y sus letras (marca-de-la-casa) llenas de maravillas sin sentido, de deseos imposibles de ser cumplidos: “Podría sentarme en el techo, en lo alto de mi casa abstracta, ver mi vista abstracta, un ratón abstracto, quiero vivir en un plano abstracto, necesito una nueva dirección, dime que no estoy loco, ¿es arriba o abajo?”.

teenager year

Foto: Guioteca

El universo que nunca deja de expandirse de Frank Black pasa por temáticas tan disímiles como revisiones a tribus pre-llegada de los colonos, novelas leídas, dolores de cabeza, declaraciones de principios, y un largo, largo etcétera. “Speedy Marie”, con su rítmica a medio tempo y sus arreglos mínimos, es de una belleza incomparable junto a su dislocada letra de amor “Sabia es la lengua, húmeda de perfecto pensamiento, y el cuello más suave en el donde dejo caer mis bobos pensamientos. Ella es el arte más amoroso. Felices están mi mente mi alma y mi corazón”.

“Sir Rockaby” también de tono menor, trae reflexiones sobre este raro papel de rockear; “¿Cuántas estrellas, chica, puedes contar y después clasificar? Estoy parado aquí en este giro cantando esta canción de cuna”.

Si bien la cantidad de composiciones es grande –hablamos de 22 canciones-, el disco es disfrutable a concho y nunca deja de acompañar con sus contagiosas melodías a flor de piel y sus aceleradas y desaceleradas habituales del ex-duende.

“Teenager of the Year” es un disco que reafirma la capacidad y genialidad de una rara avis como es Black Francis, este tipo que sostiene casi por sí solo el peso de haber dado con la piedra filosofal de la originalidad y la osadía de mezclar estilos muy disímiles en un terreno tan renuente a entregar esa alquimia como es la música popular Norteamericana.  

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