Javiera y Los Imposibles y su Triniton a Color (2000)

De que hay temas que sobran, los hay ("La Luz", "Tal vez, quizás", etc.). Pero hay unos imprescindibles, como "Euforia".

Guía de: Música Indie

Sí. Se le puede criticar tanto a esta banda. Pero siempre tiendo a pensar que son un gran referente del pop que puede llegar a hacerse en Chile.

javiera y los imposibles a color

Foto: El Mercurio

Este “A Color” (2000) comienza muy bien. Con “Soy tu Agua”, esa canción rápida, reflectante, con sus frases entre Budistas y reversivas (“Sed, yo te beberé”) impone, claramente, la buena nueva en la que estaba esta agrupación. “Fiesta” suena aún más convocadora, con su estética Disco, sus correctos colchones de cuerdas y sus oraciones limpias y llenas de metáforas (“Te aúllan mis dedos”, “Fiesta de almas”, etc.). De este punto en adelante, dos serán las influencias principales en las composiciones de Javiera y compañía; Blur y Babasónicos (curiosamente ambos con B). De los primeros está esa desfachatez entre pop y rock-Brit, sin la incursionadora guitarra de Coxon, pero con la guitarra de López que también es cueca. De los segundos hay esa parsimonia en las baladas (como en “Ayuda”, con esas clásicas frases a la postre de Babasónicos: “Ayuuda profesional…”); o para qué hablar de sus instrumentales, como “El Elefante”, que son casi calcadas de la banda trasandina.

Y ya que estamos en esos rumbos, a Javiera aún no se le pasa el llamado “efecto Henríquez”, i.e., esa búsqueda de frases contradictorias del tipo “cuando quiero agua ya no tengo sed”, o cualquier retruécano de esa estirpe. Pero en esta banda, ya suena más a cliché que a una búsqueda efectiva -que, por cierto, hace rato que está muy gastada.

Lo bueno: ese pop bien estudiado de sus referentes, esas ganas de no sonar chilenos. Aunque pequen en el gran abismo en el que caen mucha bandas que van a por algo: que tienen esa mala ocurrencia de no resolver nada, ninguna melodía, ningún grupo de acordes, como si supieran de antemano que la audiencia se aburrirá.

De que hay temas que sobran, los hay (“La Luz”, “Tal vez, quizás”, etc.). Pero hay unos imprescindibles, como “Euforia”, que logra resumir lo mejor de su influencia Bluriana, pero bien escueta y con gusto. O la bonita balada que le sigue “Perdón de Dios”, que logra llevar la melodía a cotos hermosos, y en la que Javiera sabe guardarse sus tonos altos. O “Cuerda para Atarte”, con sus guiños electrónicos.

Caso aparte es “Bossa”, un estilo que seguirá a Javiera en el próximo álbum “El Poder del Mar”. Lo raro es que esta bossa nova es casi una plataforma para deformarla y ver qué pasará con ella. El experimento podría ser peor, de cualquier forma.

De todas maneras, es un álbum con garra. Que no logra darle buen escape al anterior “La Suerte”, que puede ser el mejor álbum de estos chicos. Al menos su mejor canción, “Proverbios” se encuentra ahí. Aunque el resultado es colorido, colorinche, colorado.

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