Mecano y sus dos bien delimitadas etapas

La banda española se caracterizó por poseer una línea divisoria entre una etapa lúdica, rayana en lo absurdo; y otra mucho más compuesta, formal e introspectiva.

Guía de: Música Indie

La primera -y más brillante- etapa de este trío español abarca desde 1981/82 hasta 1986 con su compilado “Lo último de Mecano”. Es brillante, porque tanto la música creada por los hermanos Cano, como las temáticas envueltas en sus canciones son tan extravagantes como hermosas. Como ejemplos tenemos un tema obsesionado con la toma del poder por parte de ciertos pinnípedos (“Focas”); la resaca (“Hoy no me puedo levantar”); situaciones de crisis en lugares Europeos (“Boda en Londres”, “Cenando en París”), la fijación de una persona por escuchar una canción que relata una relación de amor entre un hombre y su creación (“La Máquina de Vapor”); invasiones extraterrestres paupérrimas (“La Bola de Cristal”); miradas escépticas y de un tono burlesco a otros países o ciudades (“Me Río de Janeiro”, “Japón”) y al propio (“La Fiesta Nacional”, “Madrid”); personajes históricos (“Napoleón”, “Cristóbal Colón”); y esbozos de declaraciones de principios (“Sólo soy una persona”, “No pintamos Nada”).

Mecano

Foto: El Mercurio

En fin, la lista es tan variada que se podría estar muchas entregas en esto. Lo importante es que, a pesar de sus temáticas que podríamos denominar incluso incoherentes, hay una base tan sólida, potente y creativa, que uno se rinde indudablemente frente a estos tipos que estaban re-creando todo. La música es punto aparte: llena de arreglos, matices y dominada por teclados y sintetizadores. Pero en una envoltura ochentera y new-wave. Esta etapa es un imprescindible. Parece una música visionaria envuelta en melodías masticables. Mención aparte a sus a veces tímidas composiciones instrumentales, llenas de giros creativos y melodías a flor de piel, dignas de alguna película anacrónica.

En contraposición a esta etapa inicial, pletórica de creatividad y de búsqueda de identidad; Mecano parece después sostenerse en el pilar de su propia música y se desarrolla desde ahí. En consecuencia, pierden la búsqueda en favor de una profesionalización de sus creaciones. Así pasarían los discos “Entre el Cielo y el Suelo”, “Descanso Dominical” y “Aidalai” (sin casi contar ese recopilario y parasitario “Ana, José, Nacho”). Es en estos álbumes que Mecano se vuelve un grupo serio, maduro, correcto, que lidia con su música folklórica, las orquestaciones, el minimalismo y un largo etc. con el que ganan respeto como músicos e intérpretes, pero pierden ese lado lúdico y absurdo que era definitivamente lo primordial y esencial en ellos. No es que estos álbumes sean malos, para nada -especialmente “Aidalai” y algunos álgidos momentos de “Descanso Dominical”- pero esa urgencia de demostrar que eran músicos serios, avocados a una tarea superior, les mata mucho su espontaneidad, su patanez. Su último esfuerzo (el compilado mencionado anteriormente) es decadente y demuestra un esfuerzo que es deprimente. Prefiero pensar en un Mecano que murió con “Aidalai”, sobre todo con una canción como “Naturaleza Muerta”; que es uno de los grandes temas de esta etapa -sin contar “Quédate en Madrid”, que es uno de sus temas más preciosos. Como dato anecdótico, especial atención a los que han versionado temas de Mecano: hasta Celia Cruz y Julio Iglesias están en la lista.

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