Miguel Costas en Cine Arte Alameda: Ante todo, mucha paciencia

Costas toca para con un público en desmadre; una manada esperando un par de notas para explotar. Y, contrarios al divismo, se entregan a esa vorágine

Guía de: Música Indie

Por mucho que el tiempo pase, un recital de punk es un recital de punk; y eso es algo indebatible: la energía siempre está ahí; irrebatible, pululando, acometiendo con todo.

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Y para alguien como Miguel Costas, que ha visto un par de generaciones moverse a este compás frenético, puede parecerle quizás anecdótico, quizás pintoresco, o derechamente aburrido, pero no se desliga de la premisa punk: sabe que este es su mundo y que sus códigos están ahí, imparables e inamovibles.

Y la música sigue ahí, calcinando su leña, gastando sus cartuchos, primera en la línea. Porque si hay algo de lo que realmente se trata el punk es de música: 3 buenos acordes puestos con “caña” y un ritmo salvaje para escupir esas letras que de tan absurdas llegan poderosamente a rozar la verdad.

Y, ante todo, esa paciencia de Costas para con un público en desmadre; una manada esperando un par de notas para explotar. Y, contrarios al divismo, se entregan a esa vorágine sonriendo apenas, como sabiendo que la verdadera paga (y la verdadera pega) está ahí. Porque, a fin de cuentas, todos vamos a un recital de punk a imaginar una postal en blanco y negro del CBGB. Y eso jamás defrauda. Aunque bailen sobre tu (propia) tumba meneando el bullarengue.

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