Rosario Bléfari en Santiago: Bólido supersónico de amplio alcance

Más allá de vacíos, recreaciones de viejos temas y un largo etcétera, la vibra creada por la música de Rosario y su menuda y energética persona son tema aparte.

Guía de: Música Indie

Creo que no me había acontecido asistir a un concierto (o tocata o recital, como se le quiera nombrar) donde no tocaran ninguna canción que esperaba y, sin embargo, salir tan satisfecho y alegre como si las hubieran tocado.

Ése es uno de los grandes logros de Rosario Bléfari, ya que su repertorio al parecer pasa más por un tamiz de urgencia más que por una condescendencia con su público (que, vuelvo a las contradicciones, la tiene y en demasía): sus canciones van de atrás hacia delante en una gran juguera temporal donde pueden pasar temas como “En la bicicleta” (esa enorme canción de Suárez tan impresionista en su letra y música) a, digamos, “Lobo” (extrañamente no hubieron canciones de su maravilloso “Privilegio”, creo que básicamente por falta de ensayos con la banda acompañante).

Rosario Bléfari

Foto: Daniel Vílchez

Pero más allá de vacíos, recreaciones de viejos temas y un largo etcétera, la vibra creada por la música de Rosario y su menuda y energética persona son tema aparte: Rosario se mantiene en una burbuja protegida por la música, donde todo se vuelve misterioso e impresiona y deslumbra. A leguas se nota que aún disfruta la música, que la quiere, que el tiempo no ha sido si no más que nada un esclarecedor hallazgo para esta relación tan sana, tan saludable.

Y la gente reconoce eso y más: su público es devoto –en el sentido de consagrado a- y ruge con ella esas letras tan pictóricas y emocionales, tan honestas, tan de diario de vida del alma.

Cerró con una improvisada versión de “Porvenir” (Suárez) en la que alguien del público simplemente, guitarra en mano, le ayudó a esbozar aquella canción, ya con los integrantes de Mi Pequeña Muerte (una de las bandas soporte) con los roles cambiados (bajista a la batería, baterista con un pandero, uno de los guitarristas tratando de seguir con el bajo) afirmando lo que pasa siempre cuando viene a tocar: nos quedamos con gusto a poco.

Con respecto a los teloneros, y sin querer herir susceptibilidades, decir que Simón & El Desierto están en una etapa amateur donde hay muchas ganas, mucha forma, pero poco fondo, hay que tener especial cuidado con la pirotecnia musical especialmente en el pop. Lo bueno es que la huella pop no se borra nunca y eso se agradece en un mundo donde las bandas son pastiches de cualquier cosa y no encajan en ninguna.

Mi Pequeña Muerte suena mucho más afiatada. Si pueden llegar a pensar en un punto medio entre Franz Ferdinand, The Strokes, Charlie García, y Soda Stereo podrían llegar a achuntarle a su sonido. Les noté una leve falta de soltura, pero eso es algo que el tiempo resuelve. Su último tema, alejado de las convenciones que mostraron en los anteriores, les dió una interesante posibilidad a futuro.

Una noche en la cual queda una fe profunda en que una chica como Rosario Bléfari aún tiene tanto que entregar, que uno sólo puede esperar que regrese.

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