SuperSordo. Lluvia de Piedras (2014): Un ruido inmenso en vinilo

Voy a abordar este disco en dos ámbitos que me parecen medulares: La elección de temas (y sus modificaciones para este formato) y el sonido.

Guía de: Música Indie

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Es cierto, en Chile han pasado cosas más raras aún. Pero no deja de sorprender que, cuando nadie lo esperaba, una leve reivindicación a estos fenómenos llegara y en formato vinilo. Y, más aún, que en vez de una re-edición de uno de sus discos (que también se agradecería, por cierto) nos encontramos con una especie de “Grandes Éxitos” del rememorado cuarteto de música inclasificable.

Voy a abordar este disco en dos ámbitos que me parecen medulares; 1. La elección de temas (y sus modificaciones para este formato) y 2. El sonido:

1. Partimos con “Canción Desgraciada”, aquélla que no estaba en ningún disco, que apareció tímidamente en el compilado de la C.F.A., y que era presentada singularmente por Claudio en el documental sobre Supersordo como “Esta canción está dedicada a las perras… las perras culiás” (sic). De ahí en adelante, se mezclará “Supersórdido” (1993) y “Tzzt!” (1995). Especialmente el primero en su lado uno, y el segundo en su lado 2. Así que puede ocurrir que escuchemos “El Niño Azul” e inmediatamente después, “Las Herbosas”. Hay temas que vienen editados, como ocurre con “Inocente”, como si hubiese habido una versión “radial” para ellos. El orden guarda buen gusto y cualquiera que haya escuchado, escuche, o empiece a escuchar Supersordo, debiera estar de acuerdo en que la substancia de ellos se encuentra bien representada en esta placa (ese salto cualitativo (?) del primero al segundo disco, ese formato poco familiar pero que se adivinaba disfrutable).

2. Este terreno es más subjetivo y guarda una duda ostensible de si será necesario que ciertas bandas lleguen a un sonido más pulcro. Es cierto que en este formato aparecen ciertas sonoridades que podríamos denominar “innovadoras” -ciertos sonidos o instrumentos que nunca pudieron escucharse del todo en los rudimentarios cassettes de la época- pero se pierde esa masa sonora, esa confusión imposible que era Supersordo, esa tarjeta de presentación manchada por los decibeles y por esa precaria y siempre actitudinal característica de su sonido, y que era parte importante a la hora de definir una personalidad sonora en ellos.

Y tal vez sólo sea una mañosada para con un regalo, un encomio para un pilar cuasi oculto en el desarrollo de nuestra historia musical, y que entonces hay que recibirlo exactamente como lo que es: un compilado de temas de Supersordo, con un sonido más pulcro. Mención aparte para el trabajo gráfico (muy entramado con su imaginario original) y a las hermosas palabras de Walter Roblero, de Congelador, para con un Supersordo que siempre merece ser mencionado y escuchado.

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