The Octopus Project: “Fever Forms” (2013): Pop poliédrico

Como su título indica, “Fever Forms” es un álbum alucinado. No descansa ni deja descansar.

Guía de: Música Indie

Después de “Hexadecagon” (2010), experimento que hasta su mismo sello definió como verdaderamente un “álbum” orgánico de la banda de Austin, The Octopus Project se lanza de lleno y en picada a la creación de una faceta retorcida de lo que conocemos –y reconocemos- como pop.

La temperatura comienza sus estragos con “The Fall”, una pieza que aúna todos los elementos que serán la tónica del disco: secuencias abusivas de notas, voces impregnadas de armonía, rítmica crujiente y quebradiza. Las tensiones y distensiones se miran la una a la otra declarándose la guerra en frente a una base que no da ni deja dar tregua. “Pyramid Kosmos” llena cualquier vacío con su entrada de toneladas de sintetizadores y secuencias, adornadas de notas disonantes y ruido de la más diversa índole. A destacar el increíble trabajo de planos sonoros, donde muchas veces la rítmica no es entregada ya por la batería si no que por una serie de secuencias que de tanto moverse en los planos sonoros van dictaminando la polirritmia de la canción. Una maravilla sonora que, cuando nos permitimos disfrutarla con audífonos puede llevar a catarsis audiófilas.

fever forms

Foto: Guioteca

Su primer single, el insanamente pegadizo “Whitby”, se abre paso con sus arreglos de video juego ochentero y su letra enroscada y serpéntica: “Al decir adiós los Franceses dicen que es morir un poco, tu salud es tan sexy”. Añádale a ello su mantra final: “Nada se mueve, todo carece de movimiento, es como el aire, está intentando aguantar su respiración, por siempre” y tendrá un cocktail alta y ensortijadamente pop.

Como su título indica, “Fever Forms” es un álbum alucinado. No descansa ni deja descansar. Responde a un cuadro febril donde las notas, los sonidos, las secuencias, los ritmos e inclusive los silencios están dotados de un desequilibrio, carecen de salud y se enorgullecen de su condición enferma. Las voces se ocultan tras polimorfias sonoras y efectos transnochados. Las canciones despiertan en noches agitadas repitiendo estructuras sudorosas, albergando sueños alterados, llenos de imágenes entrecortadas, cuna de pasajes sin retorno posible.

Hay momentos donde la alta temperatura pareciera dar pequeñas treguas, como en la breve pausa de “Unspool” y sus escasos segundos de cajas de música halladas en los áticos de una casa perdida. O en “Perhap” donde tímidas notas que emergen y se hunden dan paso a una larga travesía submarina. Podríamos hablar de casi, casi un acercamiento a las baladas instrumentales de rock progresivo; pero a un nivel donde todo ha sido filtrado en océanos de silbidos sonoros, de conversaciones de ballenas milenarias. La resolución melódica es tan prístina, que cualquiera que preste atención puede también sumergirse a implotar burbujas melódicas.

No obstante, la tónica preponderante del álbum son inconstantes y fuertes ideas sonoras impregnadas de potentes melodías y recursos impensados para el pop (se me viene a la mente un concepto como postpop, aunque las etiquetas son tan inservibles en estos casos). Para ello están “Choi Sighs”, “Mmkit”, o “Deep Space”.

“Sharpteethsu segundo single cierra con una reivindicación a sus canciones con uso de voces y su particular manera de abordar el pop: un tema plagado de ideas que se conjugan para cabalgar en una gran canción que finalmente se cobija en una melodía final dirigida por el incombustible teremín de Toto (ya, a estas alturas, marca de la casa) y dejar envolverse en esa coda letánica.

“Fever Forms” queda en una transición donde The Octopus Project aún se debate entre sus clásicas composiciones instrumentales y su cada vez más curiosa habilidad para instaurar voces en canciones pegadizas y tarareables. Sin embargo, es necesario hacer el hincapié en que ambas tónicas vienen de la misma raíz y que las melodías provengan de un instrumento como la voz o un teremín o un teclado no pretende hacer una diferencia, si no sumar en la incansable búsqueda de la banda por nuevos colores sonoros. Rutilante esfuerzo.

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