“Torches”: Foster the People rescata los sonidos de los ’80

"Torches" funciona como un buen destello de luz, ciega con su entrada limpia y sus ganas de que no te distraigas de lo que acontece.

Guía de: Música Indie

El debut de la banda de Los Angeles logra, en menos de 45 minutos, despachar toda la vibración bailable, chiclosa y tímida de los reidolatrados ochentas.

Sin querer abusar de la recargada de sintetizadores que acostumbraba la era a la que honran, “Torches” juega con un minimalismo, un espacio vacío donde las voces se pasean, estiradas como viajar en el desierto, apoyadas por recursos pequeños pero efectivos: entradas de pianos que saltan para demarcar motivos, frases de sintetizador para renovar la energía, y una variopinta de artificios para que la fiesta siempre sea el equivalente a la bola de espejos de donde se mira: brillante y siempre cambiante.

Torches.

Foto: Blogs

Portada del disco Torches.

La primera trizadura se da con “Color on The Walls (Don’t stop)” y su poderío pop, guíado por una eterna guitarra acústica “Uno dos tres cierra tus ojos y cuenta hasta cuatro. Voy a (quisiera) esconderme detrás de la puerta de mi pieza. Rayados en las paredes, las colorearé todas, dibujaré hasta que haya roto cada ley”. La electrónica se presenta con “Waste” y su leve melodía melancólica: “Tomaré tu mano cuando estés enojada conmigo, cuando los monstruos no se vayan y tus ventanas no cierren, pretenderé ver lo que ves”.

“Houdini” habla por mucho del poderío de Foster the People: una potente energía que sube y baja a cargo de una breve melodía de sintetizador y sus precisas despojadas de arreglos para arremeter nuevamente: “Cuando me siento un poco mal y no quiero estrés sólo pásaselo a la habilidad. Bueno, tienes lo que quieres, lo que nunca supiste, el perfecto regalo de mí para tí”. La voz se suelta mucho más que en otros cortes y fluye mucho menos restringida. El ejemplo claro que el minimalismo es lo que les entrega la posta de las buenas melodías a esta banda.

“Miss You” se escapa algo de la normativa del disco: es una larga línea melódica que se adelgaza o engorda pero no pierde su dinámica, su túnel infinito de carga, una especie de rockabilly sampleado y desdibujado en largas tandas electrónicas.  El viaje que produce es agradable y se siente honesto. “Viviré una vida que te haga sonreír cuando haya acabado y esté lejos. Afiebrado y en lo más alto, solo quiero ver tu cara, ¿Qué dices? ¿Qué dices? Realmente te extraño, dije que te extraño. Sonrío ante sólo la posibilidad de verte de nuevo”.

Los devaneos Dub de “Broken Jaw” entregan una leve impresión de brújula mal imantada, y la dirección parece perderse en un mar de confusión. A falta de algo mejor llamémosle experimentación abierta.

No se puede dejar de lado “Pumped Up Kicks” y su dejadez a medio tempo y su ornamento mínimo, avalando una historia abierta llena de guiños a lo que la aventura perjudicada de Norteamérica desea: “Robert se trae algo entre manos. Mirará por el cuarto, no te dirá su plan. Tiene un cigarillo liado, colgando de su boca, es un cowboy. Sí, encontró una pistola de seis tiros en el closet de su padre escondida en la caja de las cosas divertidas, y no sé el porqué, pero viene por ti, sí, viene por ti”.

“Torches” funciona como un buen destello de luz, ciega con su entrada limpia y sus ganas de que no te distraigas de lo que acontece. Pero a la larga, el destello es tan fuerte que ciega y uno espera que el efecto pase pronto. Ideal para una tarde de nada.

Para escucharlo, aquí.

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