Un solista: Bill Callahan; una canción: “Eid Ma Clack Shaw” (2009)

Un disco que ya terminaba por cimentar una serie de detalles que se repiten, con prudencia, en cada nuevo álbum del señor Callahan.

Guía de: Música Indie

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William Rahr Callahan, quien es el inspirador de estas palabras, optó en un momento dado de una carrera prolífica bajo el mote de (Smog), por cambiar su nom de plume a simplemente su nombre, Bill Callahan.

Ese giro, si bien parecía en principio no generar ningún cambio substancial, sí sirvió para dar una arremetida más rápida, fuerte y aguerrida a lo que vendrían a ser una serie de álbumes plagados de canciones deshilvanadas, sentidas y colmadas de una voz que parece casi alienígena por su registro tan bajo.

Uno de esos discos es “Sometimes I wish we were an Eagle”, factura 2009. Un disco que ya terminaba por cimentar una serie de detalles que se repiten, con prudencia, en cada nuevo álbum del señor Callahan (canciones introductorias altamente enganchadoras, baladas casi desnudas, canciones arraigadas a ciertas sonoridades y tempos, etc.) Es en este disco donde podemos hallar, a la siga de “Jim Cain”, su primer tema, un acorde de piano tocado con dejadez para dejar escapar esa oración: “Working through death’s pain”.

La canción sigue su desarrollo en un tempo muy personal, pronta a tensionarse, con su narración en primera persona (hasta el momento, la convención indica que debiese tratarse de la pérdida de un perro muy querido por Bill) llegando a su estribillo que solicita que alguien le muestre la forma de sacudirse un recuerdo.

Cuando todo parece calmarse en una tensión constante, el narrador nos cuenta que ha soñado la canción perfecta, y que, a pesar de que le ha costado mucho descifrar, cree al menos tener la letra que reza algo así como: “Eid ma clack shaw Zupoven del ba Mertepy ven seinur Cofally ragdah”

Todo pareciese resolverse al alero de esta intrincada mezcla de palabras, aunque nos deja esa inquietud latente.

“Eid ma clack shaw” es de esas canciones que al regodearse en su ambigüedad, se vuelven absolutamente entrañables, como el recuerdo breve e intenso de un sueño que parece no tener ningún asidero. Como lo que sabemos de antemano que jamás lograremos comprender, pero cuyo misterio nos convoca inagotablemente. Como ponerse a contemplar el cielo.

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