Una banda: James. Una canción: Lullaby (1993)

Su estrofa final, imperturbable, termina de enumerar la devastación.

Guía de: Música Indie

james lullaby

Foto: Guioteca

La canción que (casi) finaliza ese precioso e inhóspito álbum de James, “Laid” (1993) es, como su nombre indica, una canción de cuna o una nana como le llaman algunos. Una canción deslavada y casi susurrante, que arma un enorme vacío, como si algo se llevara y acarreara una vacuidad inmensa e inconmensurable. Sus arreglos, mínimos, van acentuando esa gran nada mientras la voz de Tim Booth se va desvaneciendo. Y a su letra, determinista y apegada a la fortuna que le ha tocado vivir impasible e inamovible, con imágenes de hogar en ruinas: “Desde que tu madre lanzó su hechizo / cada beso deja una herida / has estado arrancando demasiado sentido de la existencia”. A veces lanza sus envenenados comentarios para remarcar este sentimiento de pérdida: “Cada mirada que posan en ti / un piano, desafinado / eres un ángel / eres un demonio / sólo eres humano / ahora tu mundo se ha vuelto basura /  ventanas rotas del pasado”.

Su estrofa final, imperturbable, termina de enumerar la devastación: “En esta casa, abatida y encantada / todos los sentimientos son de vergüenza / todas las ventanas las han roto los niños / así que el viento grita por entre las escaleras / golpea puertas y desconcierta a las sillas / desearía que no fuéramos concebidos en la violencia / dañas el sueño, dañas el sueño / la magia se ha roto / la casa está en ruinas / tu recuerdo está distorsionado / lo que has elegido se siente como nada / no se siente nada / no sentimos nada de nada”.

Y esa canción de cuna, lejos de tranquilizarnos, nos deja una inquieta sensación de inseguridad.

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