Yo La tengo en Santiago; Georgia, James e Ira: Inextinguibles

Yo La Tengo es una banda que se da un respiro para después destruir todo a su paso sobre todo con la maltratada guitarra de Ira Kaplan.

Guía de: Música Indie

Yo-La-tengo

Desde su entrada con “Stupid things” el concierto de Yo La Tengo se sentía relajado, no como algo flojo, si no como un algo armado en base a una energía que fluía en el aire. La gente (bastante a mi parecer) se entregaba en paz a las notas flotantes del trío de Hoboken. Ellos, inspirados y con la carga de tres décadas de pisar escenarios y desgarrarse en sonidos, se creaban y recreaban: cambiaban instrumentos, sumaban baterías, se hacían a los teclados, se transformaban en torch-band cuando Georgia tomaba la voz principal (cuanto asombro daba aún verla un poco tímida con todos los años de circo en el cuerpo) y dejaban la calma tomar a toda la gente –un silencio casi estremecedor se apoderó en “Cornelia and Jane”- con sus guitarras acústicas y su sinceridad etérea.

Que eso no nos engañe: Yo La Tengo es una banda que se da un respiro para después destruir todo a su paso sobre todo con la maltratada guitarra de Ira Kaplan. Cual poseso endemoniado escupía ruido desde las cabriolas incesantes y las maromas de su cuerpo. Muchas veces no era fácil entender si la guitarra lo exorcizaba a él o viceversa. Y las toneladas de ruido y el paso inexorable del tiempo armaban una masa sonora incontenible y altamente placentera.

Podemos ponernos altamente exquisitos y argüir que las voces de los chicos ya no están tan prístinas como acostumbraban; pero ellos son detalles tan ínfimos al lado de elementos tan contundentes como su valía ya casi anacrónica, o su lucha incansable entre unir genialidad, amabilidad y humildad (y vaya que lo logran, como en el momento en que firman un vinilo de alguien del público, donde incluso se dan el tiempo de bromear y la gente, aún con nuestro remoto inglés, logra entender y disfrutar de la gracia de estos tipos).

Yo La Tengo dio en el clavo con un set rotundamente dinámico y versátil. Son una maquinaria aceitada y precisa, que se da lujos de improvisar, variar versiones y, en definitiva, revivir canciones que pasan largamente los 20 o más años de vida.

Para mi gusto no sólo el baluarte más importante de la música independiente, si no que el mejor trío que se encuentra vivito, coleando, grabando y girando. Así de simple.

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