Trentren y Caicaivilu: El mito patagónico para explicar el diluvio universal

Dos serpientes enfrentadas a muerte por la superviviencia de la especie humana en una adaptación local más allá del relato bíblico.

Guía de: Patagonia

Representación de Trentren, en la Plaza de Ancud, Chiloé. Fotografías Lufke

Representación de Trentren, en la Plaza de Ancud, Chiloé. Fotografías Lufke

Se presume que la serpiente Trentren viviría en los cerros más elevados y apartados. Es una entidad benéfica para los seres humanos, ya que su misión sería la de protegerlos de todo aquello que atente contra su existencia. Su mítica oponente es la famosa y temida Caicaivilu, una gran serpiente negra que habitaría los fondos marinos y enemiga de todo lo humano.

Trentren y Caicaivilu

El mito cuenta que una vez se enfrentaron ambas serpientes. Los motivos de tan titánica lucha no están muy claros, unos sostienen que Caicaivilu quiso terminar con los animales y humanos sobre la tierra e hizo subir el nivel del mar para ahogarlos. Enterada Trentren les avisó a sus protegidos llevándolos a lo más alto de una montaña. Los animales hicieron caso, pero muchos hombres no le creyeron. Se dice que murieron y se convirtieron en peces.

Representación de Caicaivilu, en la Plaza de Ancud, Chiloé. Fotografías Lufke

Representación de Caicaivilu, en la Plaza de Ancud, Chiloé. Fotografías Lufke

La lucha entre ambas serpientes no terminó allí, enfurecida Caicaivilu por no haber podido terminar con toda la vida sobre la tierra le dio más impulso a las aguas del mar para que alcanzaran la cumbre de la montaña. Trentren, por su parte, hacía crecer la montaña para que las aguas no llegaran. Así continúo la titánica lucha hasta que la cima de la montaña casi llegaba a tocar el sol. Cuando los hombres y animales refugiados en la cumbre comenzaron a quemarse con la radiación solar, no se sabe por qué, Caicaivilu se cansó y las aguas comenzaron a volver a su nivel actual.

Memoriosos patagónicos

Otros patagónicos memoriosos nos contaron que, en realidad, el litigio entre ambas serpientes se habría originado por una joven aborígen llamada Entullahuén. Dicen que habría acudido a la orilla de un río para recoger cangrejos cuando de improviso apareció un Trauco que intentó violarla. El Trauco es otro personaje de la mitología patagónica, se cree que es un hombrecito de baja estatura con un gran sombrero y que se envuelve en quilineja, una planta trepadora muy conocida. Entre otras veleidades, al Trauco le gustan las doncellas y sabe emitir un fluido sexual que las atrae. Lo cierto es que con Entullahuén no hizo gala de su fama y se comportó de manera brutal.

Representación del Trauco en la Plaza de Ancud, Chiloé. Fotografía Lufke

Representación del Trauco en la Plaza de Ancud, Chiloé. Fotografía Lufke

La doncella tomó un palo y le golpeó con tal violencia que le dejó tendido en orilla. Pero el Trauco, cuando despertó, llamó a los gritos a su madre que no es otra que la serpiente Caicaivilu. Aquellos memoriosos agregan que ella se enroscó en una pierna de la doncella y la ató a unas piedras de la orilla para entregarse al Trauco, que recién en esas condiciones pudo cumplir su cometido. De esa unión nació una niña. Pasó el tiempo y la niña creció y Pillañ, otro mal personaje y amigo de Caicaivilu, se quiso casar con ella.

En tanto, la madre, aquella doncella que defendió valerosamente su integridad, seguía amarrada a la piedra llorando amargamente su desdicha. Un día el viento llevo a lo alto de la montaña su llanto y lo escuchó Trentren. De inmediato bajó de la montaña e intentó liberar a la doncella prisionera. Entonces aparecieron Caicaivilu y Pillañ. Junto a sus aliados hicieron subir las aguas y enviaron a muchos genios maléficos a exprimir las nubes para provocar una lluvia como nunca se había visto hasta entonces. Los hombres aterrados huían para no convertirse en peces y las mujeres en piedras. Pero cada vez que el agua llegaba a la cumbre la montaña crecía un poco más y eran muchos los que se salvaban.

 

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