Las 11 situaciones más comunes de “micromachismo” en nuestra sociedad: ¿Cuántas reconoces?

En nuestra vida diaria aún quedan resabios de machismo, ejercidos tanto por hombres como por mujeres.

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El movimiento feminista no busca superioridad ante el sexo masculino, ni tampoco agredirlo y denostarlo. Mucho menos refleja esa igualdad malentendida, en la que supuestamente la mujer quiere convertirse en un hombre, obviando las diferencias evidentes, con caricaturas tales como que la feminista quiere dejarse pelos en las piernas y axilas y orinar parada.

Por el contrario, el movimiento feminista busca la igualdad de oportunidades. Que una mujer pueda ganar lo mismo que un hombre, al desempeñar un mismo cargo o actividad. Que la mujer pueda optar, con los mismos requisitos que se le pida a un hombre, a altos cargos directivos, tanto en el sector público como privado. Que pueda salir tranquila a pasear, sin miedo de ser acosada o violentada. Tal como lo hacen los hombres.

micromachismo

Está claro que se ha avanzado mucho al respecto y ya es prácticamente cavernario pensar que la mujer debe quedarse en la casa, o que no debiera tener derecho a voto o a poder conducir un automóvil.

Sin embargo, en nuestra vida diaria aún quedan pequeños resabios de machismo, que son ejercidos tanto por hombres como por mujeres, en muchas ocasiones, inconscientemente. Es el llamado “micromachismo”, que está tan arraigado y naturalizado en nuestra sociedad, que no lo percibimos como una forma más de agredir a una persona, sólo por su género. El micromachismo es una muestra de violencia más, tan sutil que puede pasar desapercibida.

Al respecto, quisimos rescatar las 11 situaciones diarias que reflejan este micromachismo. ¿Te ha pasado algo similar?

  1. “¿Sabes el sexo de tu guagua?”  – “Sí, es hombre”. – “¡Qué rico! Los niñitos son mucho más simples y fáciles que las niñitas”: en esta situación, ya se está denostando a una persona por su género, antes de que incluso nazca. Por lo demás, no es real que las niñas sean más complicadas que los niños. Por ejemplo, el bullying en los colegios se da en igual proporción en ambos sexos. Tal vez esta situación sea un resabio de la tradicional costumbre de esperar la llegada de un varón en monarquías y antiguas civilizaciones. Incluso, muchas madres, lamentablemente, siguen pensando que sus hijos son más fáciles y cariñosos que sus hijas, encasillándolas a ellas de complicadas y difíciles de tratar. Les meten en sus mentes, desde chiquititas, que son ellas las difíciles y, finalmente, se lo terminan creyendo.
  2. “Si sigues con esa actitud, de grande nadie se va a querer casar contigo”: en este caso, se formatea a las niñas con la idea de que el máximo de los éxitos es casarse. Error. Si una niña tiene una mala actitud, es necesario cambiarla para su propia felicidad, no exclusivamente para encontrar marido. Una mujer puede sentirse muy feliz con el matrimonio. Pero existen muchas otras que tienen aspiraciones diferentes, como el trabajo o el estudio, que son igualmente válidas.
  3. “¿Al niño lo violó el padrastro? Maldita madre que metió a ese tipo en su casa, sólo por tener plata”: uno de los comentarios más recurrentes en redes sociales, cuando ocurre una tragedia de este tipo. En situaciones tan delicadas, se deben conocer todos los antecedentes del caso, antes de crucificar a la madre. La situación es tan injusta que ni siquiera se repudia el actuar del violador, quien, en definitiva, es el principal culpable de esta lamentable situación.
  4. “¿Cómo esa mujer no abandona a su pareja golpeadora? Parece que les gusta que le peguen”: este comentario no sólo es poco empático, sino que demuestra la ignorancia que muchos tienen respecto de la violencia de género. Cuando ocurre una situación como ésta, la víctima siente miedo y vergüenza de denunciar la agresión, además de que existen factores como la dependencia económica, emocional y familiar. De hecho, las estadísticas demuestran que una mujer golpeada se demora en promedio 7 años antes de hacer una denuncia.
  5. “Las mujeres son envidiosas y chismosas”: otra aseveración que no se condice con la realidad. Los hombres pueden ser, de igual forma que las mujeres, chismosos y envidiosos, y muy competitivos en el trabajo. Pero la memoria de las personas está formateada para sólo recordar a la mujer “conflictiva” y olvidarlo todo cuando el protagonista es un varón.
  6. “Qué feo escuchar a una mujer decir garabatos”: en esta situación, se le obliga a una mujer a mantener modales decorosos, sólo por su género. Un estereotipo tan injusto, como suponer que un verdadero hombre no debe llorar, como si ellos no pudieran ser sensibles y sufrir. Los garabatos, en un contexto que no lo amerita, son repudiables, independientemente de si es hombre o mujer quien los emita. Pero en un marco de confianza y amistad, pueden ser ejercidos sin ningún problema, aunque los diga una mujer.
  7. “¿Vas a salir con esa mini falda? No te quejes después si te agarran el poto (trasero)”: a una persona le puede parecer rasca, provocativo, ordinario, etc., la forma de vestir de una persona, pero eso no le da derecho alguno a agredirla o acosarla verbalmente y, mucho menos, tocarla o violentarla sexualmente.
  8. “Yo sólo tengo amigos hombres, las mujeres son traicioneras” (dicho por una mujer): ésta es la demostración viva de la falta de solidaridad de género, como si la mujer que emitiera este comentario no fuese también una de ellas, una mujer. Las personas pueden ser traicioneras por diferentes variables, pero pensar que se debe a su sexo, no es sólo injusto, es falso. Muchas mujeres creen, equivocadamente, que deben emprender una competencia desmesurada contra sus pares, como si fueran una amenaza. Por esa inseguridad, prefieren mantenerse en ambientes donde estén rodeadas de hombres, o preferir un jefe antes que a una jefa. Pero el problema no son las mujeres, sino cómo las han formateado desde pequeñas para aseverar algo así (ver punto 1).
  9. “La nombraron directora general/gerente general. Con cuántos jefes debió acostarse antes para alcanzar este ascenso”: esta aseveración agrede directamente la capacidad intelectual de una mujer. No importa si estudió en una universidad, si tiene MBA, Doctorados o Magíster. Simplemente es “sospechoso” el ascenso de una mujer, como si ella no pudiera, por sus propios méritos y esfuerzo, lograr un alto cargo en su trabajo y sólo lo consiguiera a través de favores sexuales.
  10. “A esa tipa le falta…..” (miembro masculino): un comentario tan vulgar como injusto. Los hombres, y muchas mujeres también, creen que la felicidad de ellas, así como sus estados de ánimo, se explican exclusivamente si mantienen una actividad sexual activa. De lo contrario, serán amargadas, mañosas y agresivas. En la felicidad y estado de ánimo de la mujer, así como en la del hombre, incide una variada gama de factores, tales como problemas familiares, enfermedades, situación económica, etc. No todo en la vida se centra en la pareja.
  11. Decir Feminazi: una de las caricaturas más repudiables del machismo. Una mujer que lucha por sus derechos y por lograr la igualdad de oportunidades no es una fundamentalista ni talibana, es una persona valiente. Gracias a las mujeres feministas de ayer, hoy nosotras gozamos de libertades que hasta hace pocos años no teníamos, como el derecho a voto. No seamos malagradecidos.

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