Las 26 características más comunes que sólo una mujer que asistió a un colegio de monjas conoce

El recato, los rezos y la prohibición de lo relacionado con el sexo, son parte del mundo de las niñas en un colegio de monjas.

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Si asististe a un colegio de monjas y tenías de profesora a una monja en los años 70, 80 y 90, te identificarás absolutamente con los siguientes aspectos, muy característicos de este tipo de establecimiento educacional.

El recato, los rezos, la austeridad y la prohibición absoluta de todo lo relacionado con el sexo, son parte del mundo que rodeaba a las niñas que asistieron a un colegio de monjas, marcándolas a fuego durante sus años escolares e incluso a muchas en su vida ya de adulta.

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A continuación, te presentamos las 26 características más comunes que sólo entenderán las mujeres que asistieron a un colegio de monjas. ¿Eres una de ellas?

  1. El jumper o la falda de colegio no podía ir más de dos dedos por encima de la rodilla.  Y en lo posible, que llegara a la rodilla.  Había días de fiscalización del largo del jumper y en muchos casos se hacía arrodillar a las chicas, para ver si la falda tocaba el suelo.  Si no lo hacía, la madre superiora era capaz de rasgar la basta, para que al día siguiente llegara con ese largo decoroso que el colegio exigía.
  2. Si eras medianamente afinada, te reclutaban para el coro del colegio, obligándote a quedarte a horas extra programáticas, para ensayar un repertorio compuesto en su 90% por canciones de Misa.
  3. En ciencias naturales prácticamente no se veía la reproducción humana. En su reemplazo, era mucho más interesante estudiar la fotosíntesis.
  4. Ni la PSU o la PAA o el Simce tuvieron tantas horas de preparación como las dedicadas para la Primera Comunión y la Confirmación, sacramentos al que le brindaron largas horas de ensayo.
  5. Por mucho tiempo no supiste cómo se quedaban embarazadas las mujeres. Cuando ya lo sabías, te enseñaron que el único método anticonceptivo que existía era la abstinencia.  El resto era obra de Satanás y tan sólo pronunciarlos te podía llevar a la codena eterna.
  6. Posees una caligrafía manuscrita preciosa, tras grandes horas de ensayo exigidos en tu cuaderno de caligrafía.
  7. En algún momento tuviste que disfrazarte de ángel o de algún animal del Pesebre como oveja o burro.  Si tuviste más suerte, fuiste la Virgen María.
  8. Los únicos hombres que se veían dentro del colegio era ese profesor de Física de 90 años y por supuesto, el cura del colegio.
  9. Un embarazo adolescente era sinónimo a la condena eterna.
  10. Ser una mujer recatada era muchísimo más importante que saber Matemáticas o Química.
  11. Todas las clases comenzaba con un largo rezo que repetías automáticamente de memoria.
  12. Si pensabas en algún chico más de la cuenta, era obra del demonio, quien trataba de tentarte y llevarte por el mal camino.  Frases como “el Diablo metió su cola” eran pan de cada día.
  13. En los paseos de curso de fin de año era impensado llevar bikini. Lo correcto, si había piscina, era bañarse con traje de baño entero y lo más recatado posible.
  14.  El Papa Juan Pablo II era lo máximo, a nivel de un rock star. Lo mismo con los que lo antecedieron.
  15. Si tus padres se separaban, la directiva del colegio comenzaba a hacer todo tipo de maniobras para que te cambiaras de establecimiento educacional.  Ni pensar haber podido matricularte si ya tus padres estaban divorciados.
  16. Tuviste las mismas compañeras de clase durante tus cerca de 12 años en el colegio. Cambiarse o recibir nuevas compañeras de otros colegios era algo rarísimo que casi no ocurría.
  17. Conoces todas las canciones de misa que puedan existir y hasta el día de hoy eres capaz de cantarlas completa, al derecho y al revés.  Incluso las de latín.
  18. La clase de moral y de religión eran las piedras angulares del programa escolar y reprobarlas era un pasaporte seguro a la expulsión.
  19. Las clases de bordado y cocina eran tan importantes como las de Inglés y Matemáticas.
  20. En la adolescencia, las profesoras recomendaban bailar los lentos con los chicos a una distancia prudente que “dejara espacio al Espíritu Santo”.
  21. Como accesorios sólo se permitían los aritos de perla y los colgantes o pulseras con motivo religioso.
  22. De niña, si lograbas buena caligrafía, pasabas del lápiz mina a la pluma.  Y recién en octavo básico te dejaban cambiar la pluma por lápiz pasta.
  23. Si entraba algún hombre extraño al colegio que no fuera el cura o el profesor octogenario (el hermano de una compañera, por ejemplo) las hormonas de las alumnas se revolucionaban al máximo y comenzaba un griterío en masa descabellado, como si nunca hubieran visto antes a una persona del sexo opuesto.
  24. Cualquier cosa mundana, como las revistas Tú o Miss 17, o los pósters de TV Grama eran requisados sin contemplación.
  25. Realizabas el sacramento de la confesión semanalmente.
  26. Si en Misa no comulgabas, eras vista como un bicho raro.

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