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Terremoto en Japón: Más allá del miedo

La gran enseñanza que está implícita en estos cataclismos que remecen lo más profundo de las personas, es la de vivir el presente.

El violento terremoto y tsunami en Japón revivió, para muchas personas, experiencias pasadas en los sismos de Chile, Nueva Zelandia y Haití. Según los sicólogos, se activaron automáticamente mecanismos de alerta que someten a los individuos a estados de estrés y angustia. A esto se agrega la arremetida mediática que atrapó a millones en la web y las transmisiones de radio y televisión. Sólo unos pocos fueron capaces de apretar el botón de off.  El fenómeno aún continúa, alimentado por la amenaza nuclear, uno de los fantasmas que más terror despierta en la conciencia colectiva.

La vibración del miedo

Japón

Foto: EFE

El mejor de los regalos para Japón es una plegaria de amor, compasión y esperanza.

Frente a estos fenómenos en que se hace evidente la impotencia del ser humano frente a la naturaleza, hay varios caminos. El más común es la tendencia a llenarse compulsivamente de noticias y detalles que sólo alimentan en morbo y el miedo. La consecuencia es evidente, sitúa al individuo en un escenario en que no controla nada, es víctima y sujeto de las circunstancias y sólo le queda esperar lo peor. En términos energéticos, se ubica en una vibración muy baja, que anula la capacidad creativa y reduce al hombre sólo a los términos de la sobrevivencia.

Otra actitud puede ser la indiferencia: “No se trata de mí, ni de mi país, por lo tanto no me incumbe”. Reacción bastante alejada de la realidad desde el punto de vista de la globalización, en que lo que afecta a un país, repercute necesariamente en los otros. Y también desde el punto de vista cuántico, que considera la conexión de la materia a través de la energía. Si es así, lo que le afecta a uno, repercute en todos.

Energía de transformación

En tercer lugar, está la alternativa de transformar estos enormes desafíos en oportunidades extraordinarias para el ser humano. Una de ellas, fue la que vivieron muchos chilenos después del desastre del 27 de febrero de 2010. El sentimiento de compasión que unió a millones de personas fue uno de los grandes tesoros que despertaron al país. Trabajo, decisión, valentía, solidaridad, fueron algunas de las actitudes que consiguieron transformar la tragedia en un milagro. Con la ventaja que éste se prolongará por mucho tiempo más que el terremoto.

Por último, la gran enseñanza que está implícita en estos cataclismos que remecen lo más profundo de las personas, es la de vivir el presente. Nuestro cuerpo  tiene hasta ahora, fecha de vencimiento, por lo que se hace imperativo aprovechar cada segundo de vida. Es en estos momentos cuando se impone el cuestionamiento acerca de lo que verdaderamente queremos hacer o vivir, dónde está nuestro corazón y nuestros afectos, cuál puede ser mi aporte o qué tan feliz o esclavo me siento.  Es una oportunidad para reencontrarse con el poder personal y el talento creativo. De esta manera, es posible entender a la naturaleza y al hombre en el contexto de una relación que no esté en conflicto, sino en armonía y amor.

Hemos visto a un pueblo ejemplar sometido a una enorme prueba. El mejor de los regalos para Japón es una plegaria de amor, compasión y esperanza. La misma que podemos hacer por cada uno de nosotros.

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