¿Cómo enfrentar lo que nos molesta y superarlo?

La próxima vez que te encuentres quejándote de alguien, te invito a ver la etiqueta que estás poniendo a esa persona y ver desde tu perspectiva qué puedes hacer para que te moleste menos.

Una frase que me recuerda los tiempos del ensayo y error con las primeras parejas, cuando se buscaba terminar la relación y no se quería herir a la otra persona involucrada. La idea era no decirle los defectos que nos molestaban de ella y dejarlo en un simple e inapelable: “No eres tú, soy yo”.

Muchas veces escuché que la frase era cínica y que buscaba evadir más que enfrentar, que no aportaba al crecimiento de la pareja, y que no era más que una excusa para terminar la relación y dejar claro que no se volvería a estar juntos, pero la verdad es que hoy, con todo el camino de crecimiento personal, creo que es la mejor frase que existe.

Enfrentar molestia

Imagen: Jimmy Scott

Yo soy responsable de mis emociones, de cómo me siento respecto a ellas. Todo lo externo son excusas.

Porque sí, es cierto, las “cosas malas” de  nuestra pareja en realidad nos incomodan y aunque hay costumbres y temas que se pueden conversar, está en nuestro poder el aprender a aceptarlas, porque al final de cuentas yo soy responsable de mis emociones, de cómo me siento respecto a ellas. Todo lo externo son excusas.

No porque tenga que amarla ciegamente, no porque estoy obligado a aceptarla por un tema de servicio y abnegación espiritual, (hacerlo por alguna de esas razones sería simplificar el tema a un blanco y negro que hace daño), sino porque lo que yo considero que son defectos y “cosas malas” en las otras personas, son juicios que estoy emitiendo frente a ellas, y por lo tanto pasan a ser mi problema al ponerles esa etiqueta y no ser capaz de integrarlas como parte fundamental de la humanidad de las personas, al generar emociones en mi interior.

Como humanos,  en la cultura que vivimos, estamos acostumbrados a etiquetar todo, clasificarlo en distintas cajas, algo que también hacemos con las personas, ya sea por sector geográfico de donde provienen, preferencias de colores, vestimentas y hasta si el cómo actúa nos parece “bien” o “mal”.

De esta forma algunos calificamos todo. Por ejemplo el que una mujer sea extrovertida puede por algunos ser considerado como “bueno”, mientras para otros ser considerado como “malo”, y en ningún caso es un problema, el desafío está en darnos cuenta  de que esa etiqueta la ponemos nosotros, y que las emociones que sentimos al respecto, son también nuestras, y tienen relación más con nuestro propio nivel de conciencia que con los actos de la otra persona.

Entonces la próxima vez que te encuentres quejándote de alguien por lo que hizo, te invito a ver la etiqueta que estás poniendo sobre esa persona y ver desde tu perspectiva por qué te molesta  y qué puedes hacer tú para que te moleste menos.

Así te estarás haciendo responsable de tus emociones y los actos que realizas respecto a ellas, porque la verdadera forma de cambiar el mundo, es desde adentro hacia afuera, haciendo los cambios primero en nosotros mismos.

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