¿Cuál es la mejor forma de conseguir lo que quieres?
- Pablo Morano, Ex guía de Crecimiento Personal
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Durante un par de talleres de preparación para el trabajo que he estado facilitando durante las últimas semanas en Conchalí e Independencia, varias veces hemos revisado el tema de cuáles son los objetivos de los asistentes en sus vidas.
Pasamos por idear desde cómo se ven en seis meses, un año, dos años, y hasta en cinco años más, algo que para la mayoría no es difícil, pero que no deja de sorprenderme cuando no existe una secuencia en lo que se coloca como objetivo y cuando en cada ejercicio la meta cambia.
Entonces recuerdo cuando en algún momento me di cuenta que yo mismo no tenía claro lo que quería y nada de lo que intentaba hacer me funcionaba.
Sin embargo, tenía absoluta claridad de lo que NO quería, y así me topé con algunas personas que me decían que el problema era que estaba pensando en lo negativo en vez de lo positivo, que estaba conectado con la energía del miedo a encontrarme con lo que no quería, eso estaba atrayendo y eso me hacía fallar en mis intentos.
Pero había algo de la explicación que no me cuadraba y llegó un día en el que fui a comprar un barquillo de helado. Allí estaba frente a quien tenía la misión de armarlo con los sabores que yo le pidiera y comencé a ver lo que estaba disponible, y pensaba: “No quiero frutilla, no quiero chirimoya, no quiero vainilla…”.
Mientras tanto la persona con el barquillo en la mano esperaba y esperaba mi decisión. Intentaba seguir mis ojos para acercarse, pero aun yo no tenía claro lo que quería.
Ahí me cayó la teja: No era que me enfocara en lo que no quería, sino que me costaba mucho saber qué es lo que SI quería.
Y eso es justamente lo que veo cada vez que en una de las clases le pido a alguien que escriba cuál es su objetivo, porque no lo tienen claro.
Ya sea por el miedo, por falta de seguridad o por falta de confianza en uno mismo, no sabemos lo que queremos.
Incluso me atrevo a decir que no es difícil conseguir lo que uno quiere, (si es realmente lo que se quiere), lo complicado es lograr tener la claridad de cuál es nuestro objetivo.
Para eso la receta es tener conciencia de la emoción que sentimos al comenzar a actuar hacia esa meta. ¿Sentimos real gozo, pasión y alegría cuando comenzamos el camino o hay cierta incomodidad y duda? ¿Sientes ganas de avanzar hacia esa meta, igual que como cuando te dan ganas de comerte un rico y delicioso helado? Porque si no es así, lo más probable es que aun nuestro objetivo no esté lo suficientemente específico y clarificado.
En este caso la emoción actúa como nuestra brújula y nuestro combustible, pero sólo si es el combustible adecuado (gozo, pasión y alegría) en concordancia con nuestro objetivo, podremos avanzar y llegar a conseguir lo que queremos.
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