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Muerte de niño con diabetes: Gran error de teleserie de TVN

Los esfuerzos que hacemos grupos y asociaciones de pacientes por educar con la verdad y optimismo sobre diabetes, se van a la basura frente al poder de alcance que tiene lo que muestra la televisión.

El mes de noviembre para nosotros, la comunidad en torno a la diabetes (pacientes, sus familiares y amigos, profesionales de la salud y la industria) es un período que suele estar lleno de actividades en las que tratamos de enviar mensajes positivos hacia la sociedad. Todo esto tiene su máxima expresión con la conmemoración del Día Mundial de la Diabetes, que este año hizo que nuestro Palacio de La Moneda fuera iluminado de azul (el color representativo de la diabetes), sumándose a una serie de monumentos y edificios públicos alrededor del mundo para llamar la atención y asumir el compromiso con el tratamiento, educación y prevención de la enfermedad.

Sin embargo, todo aquello se ve disminuido frente al poder que tiene un producto televisivo de consumo masivo como es una telenovela.

Y en este caso me refiero específicamente a la telenovela “Esperanza”, que se exhibe por las pantalla de TVN.

Diabetes TVN

Foto: TVN

La forma de presentar el caso de Rodrigo fue alarmista y exagerada.

El viernes 1 de diciembre pasado, y alertado por informaciones de prensa que daban cuenta de un suceso impactante que daría un giro a la trama -la muerte de un personaje con diabetes tipo 1  “producto de su enfermedad”-, presencié dicho capítulo.

En un episodio lleno de dramatismo el niño llamado “Rodrigo”, en palabras del personaje del médico tratante, fallece producto de “un paro cardio respiratorio a raíz de una cetoacidosis diabética”. Y todo esto como consecuencia de haber comido tres empanadas, preparadas por la nana de la casa, y no haberse inyectado la insulina correspondiente.

He consultado con destacados médicos especialistas y me confirman lo que ya sabía: la forma de presentar el caso es del todo alarmista, cae en la exageración y la ocurrencia de un episodio como lo mostrado en pantalla puede ser catalogada como excepcional, pues los problemas cardíacos asociados  a la diabetes se ven en personas adultas, con años de enfermedad y mal control.

Conozco a cientos de niños iguales a “Rodrigo”, el personaje de la telenovela, y si bien es cierto el manejo de la diabetes tipo 1 no está exento de dificultades, son muchos, la mayoría, los que salen adelante y pueden desarrollarse y vivir una vida prácticamente normal.

Lamentablemente, una vez más los medios nos demuestran que en el afán de la búsqueda del rating no trepidan en apelar a las pulsiones más básicas y fáciles a las que se pueda recurrir. Apelar al dolor y la empatía por la pérdida de un ser humano, y en esta caso un inocente niño, me parece burdo.

La vida no es color de rosa y hechos como este podrían ocurrir, pero creo que TVN ha desaprovechado una magnífica oportunidad de educar a la población. Me bastó leer un comentario en las redes sociales, que acusaron el impacto de lo que se vio en pantalla, para darme cuenta. Una usuaria de twitter escribió: “no sabía que los diabéticos no podían comer empanadas”. Nada más alejado de la realidad.

Me pregunto qué irá a pensar un chiquito de 8 años, con diabetes tipo 1, luego de ver que “en la tele, el niño con diabetes se muere por su enfermedad”. ¿Qué pensará un padre que hoy tiene dos hijos sanos, de la misma edad de los protagonistas? “Los niños con diabetes se mueren jóvenes”. Y la angustia que invadirá a esa mamá, cuya hija fue recién diagnosticada, y que estaba viendo la telenovela porque la vecina le dijo que salía un niño igual a su hija, con diabetes, y que quizás podría aprender más…

La diabetes todavía hoy está llena de mitos y desinformación. Y no podemos seguir aceptando que los medios de comunicación contribuyan a ello. La excusa que una telenovela es un producto de ficción no es válida cuando se involucran tema de salud. La falta de rigurosidad médica no la podemos aceptar.

El destacado médico norteamericano Elliot Joslin, en la década de los 50, dijo que la educación no es parte del tratamiento de la diabetes; la educación ES el tratamiento. Y es justamente allí en donde nuestro país tiene deficiencias.

Hoy contamos con profesionales de la salud capacitados e insumos de última generación para poder tener un buen tratamiento. Pero fallamos en la educación.

Los esfuerzos que hacemos grupos y asociaciones de pacientes, profesionales y centros de salud por educar con la verdad y optimismo, se van a la basura frente al poder de alcance que tiene lo que muestra la televisión.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Ojalá los miles de personas que vivimos con diabetes, y por sobre todo los muchos niños y sus padres que ven en los buenos ejemplos la inspiración para enfrentar los desafíos que la diabetes les impone día a día, no la pierdan.

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