Movimiento estudiantil: Los 3 principales focos del conflicto

Ante la crisis en la educación chilena, los estudiantes parecen no bajar los brazos. Analizamos tres ideas centrales del movimiento.

Ante el regreso de las movilizaciones estudiantiles, resulta inevitable replantearnos el sistema de educación chileno. Desde la “Revolución pingüina” del 2006, los estudiantes vienen reclamando la necesidad de poner fin a la municipalización de la enseñanza, lo que actualmente se suma con las ideas de una educación gratuita y de calidad.

Explicamos brevemente lo que esto significa:

Desmunicipalización

 

Movimiento estudiantil

Foto: Christian Zúñiga

El movimiento estudiantil tiene tres demandas básicas.

Pareciera ser el desafío más radical que esperan los estudiantes porque espera cambios sustanciales en la Constitución de 1980, marco que aún nos sigue rigiendo. La municipalización de la educación hace un cambio en el sistema de administración: de un Estado Docente a un Estado Subsidiario. En otras palabras, el Estado se queda con funciones básicas y transfiere el crecimiento de la educación al sector privado por medio de subvenciones, lo que sugiere insertar a la educación en una lógica de mercado. Como resultado, entre 1990 y 2009 el número de establecimientos privados ha crecido hasta duplicarse, mientras que el de los municipales ha disminuido gradualmente.

Sin fines de lucro

Lamentablemente, Chile es uno de los países que muestran mayor segregación social en el plano educacional. Esto quiere decir que si comparamos los resultados de desempeño de alumnos de establecimientos privados con aquellos de municipales, veremos que hay gran ventaja de los primeros sobre los segundos. Las familias chilenas, por lo tanto, tienen que pagar altos costos si quieren tener acceso a una buena calidad. Los reclamos que hacen los estudiantes por el lucro desmantelan esta realidad chilena y sostienen que la educación es un derecho y no un bien de consumo.

Calidad

La creación del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE) pareciera ser el trabajo más grande que el Estado desarrolla en materia de educación. Si bien existen otros programas y sistemas de becas que favorecen la calidad de la educación chilena, el SIMCE funciona como eje central cuando hablamos de calidad. Pero la calidad de la educación va más allá de la rendición de cuentas y ranking anual de colegios que conlleva el SIMCE. Es urgente, por ejemplo, regular mejor la formación inicial de profesores en las universidades. La prueba Inicia rendida a finales del 2011 nos muestra que sólo el 50% de los egresados de educación básica tiene conocimientos pedagógicos aceptables y que el 69% del mismo grupo tiene conocimientos insuficientes en Lenguaje, Matemática, Ciencia y Ciencias Sociales.

Está claro que la educación chilena está en crisis y que es urgente un cambio. El mayor logro del movimiento estudiantil ha sido situar a la educación como un tema de prioridad nacional para dar espacio a su discusión.

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