¿Por qué no funciona el modelo de Educación chileno?

El sistema de vouchers y el SIMCE tienen objetivos que no se cumplen. Explicamos por qué.

Durante los años ‘70, los Chicago Boys traen al país nuevas ideas sobre educación.  Inspirados por Milton Friedman, defendieron las ideas del libre mercado que sostenía que el Estado debía quedarse con funciones básicas.  Es así como en la década de los ‘80 se instaura la descentralización en favor de la municipalización, el sistema de vouchers y Sistema de Medición de la Calidad (SIMCE).

A través del sistema de vouchers (subsidio estatal en función a la demanda), los padres activan la operación del sistema al ser libres de elegir la educación que quieren para sus hijos. Esto conlleva automáticamente a la competencia entre escuelas por capturar la atención de los padres y, así, recibir mayores ingresos a través del voucher implícito que significa cada alumno.

Modelo educación chilena

Foto: Cristian Soto

El sistema educacional chileno funciona sobre la base de que la libre elección de los padres y la competencia entre escuelas habría una mejoría en la calidad de la educación chilena.

Esta lógica supone que por medio de la libre elección de los padres y la competencia entre escuelas habría una mejoría en la calidad de la educación chilena. Esto es así porque presume que los padres deciden dónde educar a sus hijos de acuerdo a la información que tengan de los niveles de desempeño de las escuelas. Es entonces cuando nos damos cuenta de la importancia del SIMCE.

A través de esta prueba la sociedad se informa del ranking de las escuelas en Chile. Los establecimientos con los mejores resultados, por lo tanto, tendrían asegurada una alta demanda. Como es obvio, ninguna escuela quisiera estar al final del ranking, pues se enfrentarán a una baja demanda y, por consiguiente, bajo financiamiento del estado a través de los vouchers. Por lo tanto, este ranking obligaría a las escuelas de bajo desempeño a superarse, mejorar sus estándares y empujar toda la educación chilena hacia una mejor calidad.

¿Por qué no ha funcionado?

Sin embargo, nos preguntamos por qué esta modalidad no ha generado el impacto educacional que esperábamos en 30 años. Pareciera que, muy por el contrario, los resultados han sido desfavorables: se ha acentuado la segmentación social por las abismantes diferencias entre colegios públicos y privados.

Una posible respuesta concierne a la raíz de lo supuesto: la mayoría de los padres no elige la escuela de acuerdo a la información otorgada por el SIMCE.

Las escuelas son elegidas principalmente por razones prácticas (como la ubicación) y por redes sociales (referencias de amigos y familiares). Además, a medida que disminuye el nivel socioeconómico de los padres, las recomendaciones de amigos y familiares son más consideradas para tomar la decisión.

Es sólo una minoría la que elige informándose por el SIMCE, ya que éstos, teniendo los medios económicos, pueden considerar más variables al momento de elegir. Nos enfrentamos, en consecuencia, a un gran dilema de la educación chilena.

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