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¿Qué distingue a las mujeres españolas del resto?

Atrevidas, con personalidad, inseguras, luchadoras, directas, con miedo a lo desconocido. Es tan sólo un pequeño retrato de las mujeres que han sabido cambiar toda una generación.

Ellas, las españolas, las gallegas, las vascas, las andaluzas, las madrileñas, las catalanas, las del norte, las del sur, las del centro.  Todas forman un conjunto de mujeres que se distinguen por uno u otro matiz de las demás, de las de otros países, de las de otros continentes. No son mejores o peores, pero sí distintas.

Quién lea este artículo quizá piense: ¡ buah! ¡Qué pedantería!  ¡Todas las mujeres son distintas! Y en el caso de los hombres: todas son iguales…Déjenme decirles a todos ellos, sobre todo a los hombres, que no, que las mujeres son distintas y en concreto las españolas lo son porque se lo han trabajado.

Españolas

Foto: La Segunda

Elsa Pataky.

Nunca olvidaré a una mujer que conocí en plena Puerta del Sol en Madrid. Unos 50 años. Cabello medio canoso, labios rojos, con pequeñas arrugas dibujadas en la cara, pero con manos de veinteañera, rímel en las pestañas, las cejas marcadas en semicírculo. Su cintura ceñía dos rollitos casi perfectos, casi artísticos debajo de una falda roja de pana, blusa blanca que dejaba ver el sostén sin color que iba debajo, y lo lucía con presunción, como queriendo que lo vieran.

Yo esperaba tranquilamente a un amigo, al lado del metro, fuera. Se acercó sigilosamente a mí, y dijo:

- ¿Por qué escondes tanto tu cuerpo? ¿Por qué miras tanto hacia abajo?

Yo no sabía qué decir, se me subieron los colores. Me moría de vergüenza. Yo sólo acerté a contestar un tímido….”no sé…”.

La mujer alzó su mano hacia mi mentón, me levantó la cara e insistió:

Españolas

Foto: La Segunda

Sara Carbonero.

-Tienes unos labios bien perfilados para hablar alto, tienes unos ojos grandes y penetrantes para mirar a cualquiera a la cara y demasiado bonitos para sólo contemplar el suelo o los pies de la gente, tienes bonita piel para ser tocada y bonitas manos para tocar. Una bella figura para mostrar, no la escondas entre ropa gris, negra y opaca.

Entonces empezó a hablar de ella, de su vida, del maltrato del  marido hasta que se divorció, hacía ya unos años. De su actividad en el congreso de los diputados, sí, era diputada. De sus cuatro hijos y su terrible función madre/esposa/diputada/amiga…pero…  ningún viernes se perdía el programa rosa del momento, ni los sábados su bailoteo en la disco con sus amigas.

Y pensé que más o menos así eran las españolas. Llenas de tareas todo el día. Inseguras para decidir qué hacer ante un conflicto de la vida, porque las españolas viven muy arraigadas a sus costumbres, pero valientes para llevar a cabo lo que quieren, aunque se les vaya la vida en ello.

Los labios rojos

Españolas

Foto: Agencias

Penélope Cruz.

En su rutina habitual casi siempre los días son grises, por el trabajo, la casa, los hijos que se van o en el caso de las jóvenes, el trabajo que no llega, el príncipe azul tampoco, o descubren directamente que no existe y sin embargo son capaces de encontrar un día, aunque sea sólo uno en el que la mañana se viste de color y la noche de pasión.

Es ahí cuando la española decide pintarse los labios de rojo, ponerse los collares que nunca usa, desempolvar el vestido de 200 euros que jamás puso, los tacones sin gastar su suela y salir se de la casa, pisando fuerte.  Puede entonces,  ese día, acercarse a una chiquilla de 20 años, que no conoce de nada, y decirle que mire al frente, que sonría, que se cuide y que haga notar su presencia ante los demás.

La española es atrevida y no se anda con rodeos a la hora de actuar. No pide permiso para ser ella y salvo excepciones, que por supuesto las hay, no tiene pelos en la lengua. La española se empezó a liberar hace más o menos treinta años. Empezó a reclamar su lugar, a hacer lo que nunca antes había hecho una mujer: divorciarse, usar minifaldas, arreglarse para ellas y no para el de turno etc…

La seducción en las españolas

Españolas.

Foto: Agencias

Gemma Mengual.

La seducción va inscrita en código genético de la española. Casi nunca es ella la que ataca, no le hace falta. El cortejo es simple. Ella mira y selecciona. Son sensuales por naturaleza, en el sur más que en el norte. Las norteñas son más raciales, más toscas aunque no por ello menos atractivas. También son pasionales y eso les lleva a sufrir mucho por amor, cuando entregan lo hacen por entero.  Celosa por supuesto de lo suyo, de su hombre, se su patrimonio, de su trabajo. En las jóvenes esto cambia debido a la apertura mental, al igualarse con el hombre, a su plena libertad.

En grupo buscan ser líderes, si es entre mujeres compiten continuamente, y ningún movimiento se deja al azar, todo está disfrazado bajo una estrategia. No son muy protocolarias ni dulces, excepto cuando les conviene. Pero cuando la amistad es verdadera, luchan por mantenerla hasta el final.

Supongo que hay tantas versiones de españolas como mujeres hay en España. Sólo he aquí un pequeño, pequeñísimo retrato, de unas mujeres que vencieron al tiempo y al orden establecido. Emprendedoras en todos los sentidos, que sin querer caer en el feminismo buscaron su propio carácter, y hoy gozan de un magnetismo que traspasa todas las fronteras.

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