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¿Por qué la princesa Letizia ha sido tan criticada?

Tiene muchos admiradores, pero también muchos detractores. Los que la han tenido cerca dicen que es amable, curiosa, con las ideas muy claras y que su fuerte carácter se nota, al instante.

Su nombre lo escribe desde niña con “z” para distinguirse, como una señal de identidad. Desde ahí la que hoy es princesa y futura reina de España ha hecho más de un mérito para decir que es una dama con personalidad.

El año 2003 fue clave en su vida. La conducción de los servicios informativos en la televisión pública le sirvió de  disfraz temporal para esconder lo que era un secreto a voces en los corrillos de la redacción de TVE. Su noviazgo con el Príncipe de Asturias se fraguaba mientras la intrépida reportera narraba las consecuencias nefastas del hundimiento del buque Prestige frente a las costas gallegas.

Letizia Ortiz

Foto: Agencias

Cuentan que los mensajes de apoyo del Príncipe Felipe llegaban al celular de Letizia después de cada retransmisión. A principios de 2003 existe una imagen famosa de Letizia y  el Príncipe cuando este visitaba las instalaciones de la cadena y por ende saludaba a todo el equipo de los noticieros. Las miradas de complicidad eran más que evidentes. En ese instante nadie lo sabía oficialmente, pero ya estaban juntos.

Casi profesora

Las casualidades de la vida hacen que yo haya vivido una no coincidencia con la entonces periodista Letizia y  que el rabioso destino, que yo llamo en bajito Casa Real,  no quiso que se produjera, pero fue cuanto menos anecdótico. En Otoño de 2003 me disponía a cursar mi Magíster RTV en Madrid. Supe, una vez inscrita que ella también lo había cursado. Un revuelo en los pasillos me alertó que un rumor estaba tomando fuerza. Pero no le di más importancia. Cuando se hubo producido el anuncio del compromiso, en Noviembre de 2003, la escuela donde cursaba el magíster dio una rueda de prensa. Fue ahí que me enteré que Letizia Ortiz Rocasolano, futura reina de España, había tenido que detener los trámites con dicha escuela para impartir clases de periodismo. ¡No me lo podía creer! Ella pudo haber sido mi profesora, sino fuese porque La Casa Real Española quiso adelantar el compromiso, dado que el rumor de su noviazgo tomaba cada vez más fuerza.

A partir de ahí todo fueron preguntas hacia los profesores que le habían dado clase. Juan José Echevarría, en aquel entonces  Director de Informativos de CNN+ España y profesor mío me contaba que recordaba de ella que era muy profesional, y que se notaba sus ganas de aprender. Marisol, la directora del magíster decía que ella llegaba a las clases siempre preparada para ser periodista. Nunca faltaba  con su chaqueta oscura  de corte americano y su blusa o camiseta clara por debajo. Dispuesta en cualquier minuto para cubrir una noticia.

Lo de su extrema delgadez también fue uno de los temas que corrían como rumor en la escuela. Se habló de anorexia, se habló de varios trastornos de la alimentación, pero nunca nada confirmado, al menos que yo hubiera presenciado.

¡Divorciada!

Para la sociedad española, que la futura princesa no fuera de sangre azul no era el máximo problema porque había uno mayor: ¡era divorciada! En 1999 se había casado con  su antiguo  profesor de Literatura y un año después terminaron. Esto supuso una gran polémica en España, pero sobre todo al interior del Palacio Real. Los reyes no estaban de acuerdo. Está bien que sea una plebeya, pero… ¿Que sea divorciada? Era inadmisible. Fuentes allegadas a La Casa Real rebelaron que fue aquí cuando el Príncipe se plantó y les insistió a sus padres que o era ella la elegida, o abdicaba del trono.

Los reyes tuvieron que acceder y la futura Princesa Letizia aprender en muy poco tiempo a hacer lo que no había hecho nunca: ser el centro de la noticia. Aprender a caer bien a todos, ser  protocolaria y condescendiente. Ser princesa no era fácil cuando se viene de la plebe, y pronto metería la pata. En noviembre de 2003, en el anuncio de su compromiso con el Príncipe,  mientras ambos mostraban sus anillos de pedida, los periodistas hicieron preguntas a la feliz pareja. Era habitual que siempre contestara el Príncipe Felipe (el hombre) aunque la pregunta iba dirigía a ella. Con gracejo y gestos caprichosos, ella instó al príncipe que la dejara responder. Esa maniobra fue comentada en medio mundo. Resulta que la chica tenía personalidad.

Hoy, parece haber aprendido la lección, y durante los primeros años de principado, la princesa ha adquirido templanza a un ritmo vertiginoso. Más allá de los comentarios sobre su vestimenta, su excesiva cercanía al pueblo, o si domina o no al príncipe en privado, ella será la futura reina de España. Debido a su empatía e inteligencia ha sabido hacerse un hueco entre las damas reales europeas y ahora parece que a los españoles les gusta eso de tener una princesa con personalidad.

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