Mejores discos indie 2013: Recuento con un listado particular (II)

Es imposible que estemos de acuerdo en esto. Desde ya, los invito a que posteen su propia lista de favoritos del 2013.

Guía de: Música Indie

Después de la primera entrega con sobre los mejores discos indie 2013, vamos con la segunda parte, definitiva y final.

5. Potty Mouth: Hell Bent

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Foto: Agencias

Lo había sentenciado en una publicación anterior: estas chicas dieron en el clavo con un disco contundente, macizo, y rotundamente disfrutable. Su simpleza y soltura avanza en cada tema y los quiebres y breves momentos de devaneos instrumentales se disfrutan a concho porque no son gratuitos si no que refuerzan ideas melódicas a las cuales Potty Mouth se aferran con dientes y uñas. “Hell Bent” es, fríamente, un disco de punk y de pop. Y sólo ante esa etiqueta uno debería dar algunos pasos hacia atrás y mirar escépticamente. Sin embargo, la combinación nunca pudo funcionar mejor, la etiqueta tiende a deslavarse ante una actitud muy potente y a unas canciones que no parecen recibir crítica alguna porque más allá de ser funcionales y efectivas, son geniales, son grandes canciones.

Trabajan en el escucha de manera adhesiva y no pierden su frescura tras cada nueva oída si no que van ganando en cuanto a su simpleza y calidad. Otro de los grandes puntos a favor con respecto a estas chicas es que trabajan en torno a crear buenas canciones: olvídense de egos personales o demostraciones de tecnicismo o pirotecnia musical. Ellas buscan armar una breve e intensa canción que se quede dando vueltas. Y ese objetivo es, de alguna manera, todo lo que buscamos en una banda o solista. Revisen pronto la segunda parte que completa este listado.

4. Haim: Days are Gone

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Se siente: Haim está pasando a transformarse en la sensación del momento. Sus canciones tan detalladamente pop, con sus arreglos de teclados, quiebres y vueltas de tuerca a la engrasada maquinaria de lo popular, de lo que tiene chispa les da una fuerte carta de presentación. Su debut es una tarjeta muy bien diseñada: los nombres de cada integrante resaltan en una tipografía brillante y que deja en los dedos de quien la toma un poco de ese polvillo brillante que suelta. Da lo mismo que sean de ahora o de los 80’s; su propuesta simple, cercana, tarareable y directa les lleva a crear un espacio anacrónico. Su mirada nostálgica (pero funcional) a la era donde los teclados eran los que dominaban las melodías tónicas les da una gracia que no roza la originalidad, pero sí una efectividad que les entrega nuestra atención y cariño. Especial para subir nuestra energía y dejarse llevar por una pista de baile invisible o visible.

3. Arcade Fire: Reflektor

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Este lugar va más por mi respeto profundo a esta banda más que por el disco en sí. O, y quiero creer esto, tengo problemas para asimilar un gran disco como debería ser éste. “Reflektor” no es que sea un mal disco (muchas bandas sueñan con hacer canciones como éstas) pero pareciera palidecer un poco ante el inmediatamente anterior “The Suburbs” (2010) o “Neon Bible” (2007). Y es que, quizás y sólo quizás, al último disco le falta la grandilocuencia, la majestuosidad que hace que Arcade Fire sea un imperdible. Hay momentos insuperables (“Reflektor” o la canción que le sigue “We exist”), pero la tónica parece ser una especie de Arcade Fire Soundsystem que devanea con el dub y sus derivados. Aunque retome con “You Already Know” y otras más. “Reflektor” es un disco que se alarga, y cuya sombra a veces parece pesar demasiado. Vuelvo a pensar en que tal vez aún es demasiado pronto para juzgarlo a secas y que su genialidad/artificio salga a flote con el tiempo. Como le pasa a los buenos discos, a los discos verdaderos.

2. My bloody valentine

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MBV Que apareciese un disco de MBV en pleno 2013 fue, en sí, una noticia inconcebible. Y que “MBV” fuese un disco a la altura de (necesito una pausa para decir esto) “Loveless” –el disco que terminó de cimentar la electricidad en la música- o inclusive “Isn’t anything”, era para volver a creer que la vida era algo bueno. Y lo es. El bebé que demoró sus buenos lustros en aparecer tiene una salud envidiable (hay que tener en cuenta que algunos temas fueron concebidos durante los 90’s) y es, ante todo, un disco de My bloody valentine. Y mantiene los ingredientes y las especias que hicieron reconocible esta comida sanguinolenta. No me interesa destacar canciones ya que, personalmente, siento que funciona como una entidad orgánica: es una sola gran canción con breves pausas. Kevin Shields (ese genio que viene luchando contra la tendinitis desde los noventas y que aprendió a esgrimir la guitarra imitando a Johnny Ramone) debe estar tranquilo; sigue haciendo las mejores y las más inentendibles canciones pop de todos los tiempos.

1. Yo La Tengo: Fade

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Foto: Guioteca

Es cierto, puede que esta elección sea más que nada por mi redescubrimiento con esta banda y que me parezcan de lo más grandioso que ha dado la música indie. Sin embargo, en mi defensa puedo argüir que Fade es tan bueno como cualquier álbum de Yo La Tengo. Y eso es algo más que loable en estos tiempos.

De alguna manera, ya sabemos con qué nos vamos a encontrar con un disco de los chicos de Hoboken: un primer tema introductorio, de naturaleza relativamente larga y atmosférica. Y “Ohm” cumple con creces esa expectativa. Con Yo La Tengo pasa un poco con los buenos autores: esperamos que trabajen con un gran tema universal y lo revisen desde diversos puntos de vista. El formato se mantiene, pero la substancia va mutando para acercarse a algo parecido a la perfección en el universo Yo La Tengo.  Como en las tímidas notas de piano eléctrico que abren “Well you better” para dar paso a un simple y maravilloso tempo para entregar una lección de pop a media voz (en los hombros de Georgia cada vez más y más descansa una rítmica llena de soltura, un alma pulsante que invita a mover la cabeza relajada y despeinadamente); o en el minimalismo rotundo de “Cornelia and Jane”, sin siquiera un metrónomo o algo que marque el tiempo, la voz de Georgia se abre paso tímida y los comentarios guitarreros de Ira van creando un vacío, un eco melancólico. O si se busca en la opulencia de los arreglos, se sentirá complacido de oír “Is that enough” con sus juegos de cuerdas y voces. La llama que no aspira ni a incendiar ni a quemar pero sí a mostrar su luz para quien desee verla (oírla) de Yo La Tengo se mantiene incólume. “Fade” es la mejor forma de renovar la suscripción al club de oyentes de esta banda que parece no terminar nunca de maravillar.

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