Hombres simios en la Patagonia: Un misterio develado

Diversos relatos hablan de un grupo étnico habitante de la Patagonia que fue comparado con los simios.

Guía de: Patagonia

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Meseta Buenos Aires. Foto de Mariano Srur.

 “.. se replantea la hipótesis de vigencia pre y protohistórica de una etnia diferente de cazadores-recolectores, los téushenkenk, en el distrito subandino oriental central de la Patagonia, aproximadamente entre los grados 44° y 48° S, sobre la base de la consideración de noticias y antecedentes aportados por la mitología y la tradición indígenas, y por la arqueología en especial la referida a los hallazgos más recientes en yacimientos del sector del ecotono estepa/bosque”, Mateo Martinic Beros.

El poblamiento original de la región

El poblamiento pudo originarse a partir de sucesivos desplazamientos poblacionales inorgánicos iniciados hace milenios y provenientes del norte del continente. Aquellos primeros cazadores-recolectores convivieron con parte de la megafauna pleistocénica tardía, y aun predaron sobre ella, como lo evidenciarían algunos hallazgos arqueológicos. Eran poco numerosos, lo que al diseminarse por un extenso territorio tuvo como consecuencia una muy baja densidad poblacional, que se estima aproximadamente en 1 habitante cada 25 kilómetros cuadrados.

Las condiciones ambientales propicias por el retroceso glacial se acentuaron alrededor de los 8 a 6 mil años antes del presente, pero ese ambiente y entorno aún estaba en severo proceso de cambio modificando substancialmente el hábitat de aquellos hombres. Sin embargo, y a pesar de ello, no existe evidencia que ante tan dramática sucesión de eventos climáticos, ambientales y geográficos el tenaz poblamiento de la Patagonia se hubiera retraído o detenido. Aunque, tal como señala el investigador Luis Alberto Borrero, “entre otras cosas hay que aceptar la posibilidad de que algunas poblaciones no pudieran enfrentar algunos de estos cambios (climáticos) y que se extinguieran. Si esto fue así, entonces parece difícil enlazar filogenéticamente a los primeros pobladores de la Patagonia, que llegaron hace muchos miles de años, con los habitantes conocidos en tiempos de la Conquista”.

Diversas etnias, y entre ellas aparecen los chelep

Subyace, en la última parte del texto citado previamente de Borrero, la probabilidad de grupos con características físicas y quizás habilidades diferentes, coexistieran en el territorio. Esas diferentes conformaciones étnicas serían producto de los sucesivos desplazamientos poblacionales desde el norte y del proceso de adaptación al ambiente donde se instalaron.

El Dr. Federico Escalada, concluyó que: “[el complejo tehuelche] tenía una individualidad étnica definida, jamás confundida con araucanos, ni fueguinos, ni con ninguna de las otras razas que rodearon su hábitat en otros tiempos y de cuya existencia suelen guardar perfecta memoria”. Los ancianos indígenas tehuelches que él entrevistara, afirmaron que había tres clases de tehuelches: los guénena kene, los aónikenk y los téushenkenk, de acuerdo a su distribución geográfica.

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Distribución de las poblaciones indígenas en la región que nos ocupa. Historia de Magallania. Mateo Martinic Beros.

Otro gran investigador del tema, el étnologo Rodolfo Casamiquela, consideró que todos pertenecerían a un único grupo con distintas vertientes que habitaban la precordillera oriental, denominándolos téushenkenk. Estos, consideraban sagrados a los territorios preandinos porque serían la morada de los muertos y también dominio de seres mitológicos que viven en cuevas y están relacionados con los fuertes vientos del poniente, identificando a los chélep como “los misteriosos habitantes del interior patagónico central subandino”.

“…entre el río Negro y el de Sta. Cruz, por el camino interior que es por donde viajan los indios, hai dos lugares en donde se encuentran bastantes casas de piedras pintadas de varios colores, y las cuales están habitadas por una raza que según la detallan los Patagones tienen mucha semejanza con los orangutanes: dichos sitios [no] están sobre el mismo camino si no así á [hacia] los Andes. Talla pequeña, cuerpo belloso y un palo ó báculo siempre en la mano. Se cubren con un manto corto de cuero de guanaco del mismo modo que los de la tierra del fuego. Los Patagones les llaman Chelep”. Lo anterior es parte de la información que el intérprete Santos Centurión relató al secretario de la Gobernación de Punta Arenas en 1845.

Santos Centurión era un criollo nacido en Mercedes, Uruguay, que arribó a la Patagonia en el año 1820, conoció a los aónikenk, se casó con una india, adoptó sus costumbres, aprendió su lengua y se enteró de sus tradiciones y mitos. Se le consideraba cacique y convivió con ellos hasta 1850, convirtiéndose durante ese tiempo en un interlocutor e intérprete fiable para quienes procuraban establecer contacto con los indígenas.

Continúa el relato de Centurión: La mayor parte de estas indiadas han visitado esos lugares y han estado en las mismas casas; pero nunca han podido tomar uno de sus habitantes á pesar de que los han divisado y corrido muy de cerca y aun recibiendo algunas piedras tiradas por ellos: lo que ha dado ocasión para que los tengan por brujos, y no se llegan á las cuebas, pues no deben ser otra cosa, [ilegible] en gran número. Debe advertirse que los Patagones solo cuando van á río Negro, cosa que no sucede con frecuencia, es cuando los chelep los divisan llegar, pues siempre lo han hecho de día, huyen y se les pierden entre los montes abandonando las habitaciones en las cuales se encuentran huesos y cueros de guanacos y que algunas veces que han solido dormir cerca de tales casas les han robado y muerto algunos caballos”.

Posteriormente aclara que: “él no ha ido por esos campos, y por consiguiente que no ha tenido ocasión de conocer la verdad de todo esto; pero que tiene por cierto lo que lo que los Indios refieren en virtud de que su mujer los ha visto siendo joven en una ocasión que fue al río Negro, y la cual tuvo una aventura hallándose en aquellas habitaciones solamente acompañada de una hermana mayor, mientras todos los demás que con ella iba se habían ido al campo lejos…”.

La región mencionada en su relato estaría situada en algún lugar de la meseta del Lago Buenos Aires – Carreras, entre la precordillera y la llanura patagónica.

Casamiquela, luego morigera los dichos de Centurión: “Los indios en general, revisten los cuentos de los chelep con algo de fabuloso y a sus niños les meten miedo con ellos; pero puede colegirse que los tales chelep son alguna tribu de la raza tehuelche refugiada en esas soledades muchos años ha y por esto sus compatriotas no tienen noticias de ellos”. Agrega que las “casas de piedra pintadas” mencionadas, se situaban en los bosques cordilleranos. Excluyendo que se hubiera referido a las cuevas y aleros con pictografías en el valle del río Pinturas que hoy conocemos. Agregamos, que ante la evidencia aportada por Casamiquela, es posible que el atual mito del trauco tenga mucho que ver con los relatos indígenas (baja estatura, portando un palo, velludo, etc.).

Por último, no pone en duda que “en esas comarcas habitaban los chelep, un grupo étnico distinto, con los que la relación (con los demás indígenas) no siempre fue pacífica. Excluyó algunos términos y conceptos de Centurión que consideró exageraciones como la comparación con orangutanes, para confirmar que aquel grupo étnico habitó siglos y quizás milenios en los valles preandinos de Aysén, antes del siglo XVI.

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Cuadro comparativo de ambos relatos. Algo más sobre el misterioso grupo étnico de la Patagonia Central Andina. Mateo Martinic Beros.

En referencia a impresiones despectivas ante lo diferente, como la comparación con orangutanes, mencionamos un caso similar: “… al revés de lo que ocurriera con los aónikenk, y también con los selknam (..) los kaweshar no parecieron bien agestados a los europeos, lo cual no significa que fueran los individuos repelentes u horripilantes que la mala fama difundiría hasta nuestros días. De primera se veían casi contrahechos y deformes debido a la desproporción que se daba entre sus desarrollados y robustos torsos y brazos, y sus enclenques y curvas piernas lo que no era más que el resultado de una adaptación a la vida marítima. Bajos y desgreñados, desnudos y malolientes por causa de la costumbre de untarse grasa de lobo (..)”.Historia de Magallanes. Página 97. Mateo Martinic.

Mateo Martinic, rescata las expresiones del ingeniero galés Llwyd ap Iwan, quien explorando el territorio por encargo del gobierno nacional argentino, junto a un grupo de tehuelches, anotó en su diario de viaje con fecha 17 de febrero de 1894:

“Durante las tardes que pasamos en compañía de Gangeel [Kánkel] (el cacique del grupo aónikenk) nos contó varias interesantes narraciones que son tradicionales entre su gente. (..) Cuando llamé su atención sobre los sepulcros o montones de piedras que encontramos en todos lados, aún lejos, dentro de los Andes, donde los tehuelches nunca entran, excepto cuando ocasionalmente unos pocos cazadores van detrás de vacas salvajes, él nos informó que éstas eran tumbas de indios de una tribu diferente a la suya, que no tenían caballos pero que vivían en las montañas; eran muy feroces y fuertes”. Su padre había capturado y mantenido prisionero a uno de ellos aunque luego tuvo que liberarlo.

Debe ser mencionado que posteriores trabajos arqueológicos en la zona del río Ibañez han encontrado numerosos entierros (chenques) que al ser exhumados, estudiados y datados proporcionaron fechas que dan cuenta del hábito funerario en esos parajes entre los años 1400 y 1600 de nuestra era, que incluían manifestaciones de arte rupestre y hogueras rituales.

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Chenque saqueado en la costa de Santa Cruz. Autor Mikel Zubimendi

Conclusiones

No quedan dudas, entonces, de la existencia de un grupo humano diferente a los aónikenk, y otros de la región, en su tipo físico, su lengua y sus costumbres y que habitaba en la región preandina oriental de la Patagonia. Quizás fue un grupo marginal relictual y  étnicamente diferenciado que habitó la transición estepa/bosque de la Patagonia subandina oriental comprendida entre las latitudes 44° y 48° S..

Fuentes consultadas:

De la Trapananda al Áysen – Biblioteca Nacional de Chile – Mateo Martinic Beros

El mundo perdido de Patagonia Central: Una aproximación tafonómica al estudio de los mamíferos extintos del sitio Baño. Patricio López Mendoza

Cazadores recolectores en el área patagónica y tierras bajas aledañas (Holoceno medio y tardío). Francisco Mena L.

Algo más sobre el misterioso grupo étnico de la Patagonia Central Andina. Mateo Martinic Beros.

Un cacique uruguayo en Tierra del Fuego. El País viajes. Arturo Monroy

Crónicas de los patagones. Horacio Jorge Becco.

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