Adicción a las compras: Cuando el consumo se torna una desviación

¿Qué hace la diferencia entre un comprador normal y uno patológico?

Guía de: Psicología y Tendencias

Adicción a las compras

A pesar de lo que podemos imaginarnos, la adicción a las compras o el exceso de consumo no es un fenómeno tan nuevo. Existen registros desde 1880 en que se expresada cierta preocupación periodística por una aparente “nueva manía por comprar” que era posible reconocer en ciertas mujeres de clase alta.

Ahora bien, en la literatura académica, las primeras referencias a la compra problemática surgen a principios del siglo XX; coincidentemente, con la aparición de nuevos establecimientos de compra y la cultura de consumo.  En ese entonces, se consideraba un trastorno del control de los impulsos al que denominaron “oniomanía”.

Actualmente, expertos aseguran que el entusiasmo por los actuales centros comerciales proviene del placer de encontrar algo que provoque nuestro deseo. Así, factores como la espontaneidad y la impulsividad se transforman en características fundamentales de la compra como actividad de ocio.

Adicción a las compras

La Psiquiatría y la Psicología clínica han ido determinando algunas diferencias que marcan una frontera entre los compradores “patológicos” y los “normales”. A continuación nombraremos algunas de estas desigualdades que oponen una conducta de compra normal de una patológica :

  1. Motivaciones distintas. Un comprador patológico busca los beneficios psico-sociales de los productos, a diferencia de un comprador normal que sólo adquiere algo por su beneficio funcional.
  2. Procesos de compra. Un comprador patológico da mayor importancia al proceso de compra que al producto adquirido; además, comúnmente incurre en compras impulsivas.
  3. Procesos de post compra de distinta naturaleza. Un comprador patológico, tras haber realizado su compra, experimenta intensas emociones de positivas y negativas (euforia, culpa, etc.).

A pesar de lo anterior, existen grupos de investigadores que no reconocen marcadas diferencias cualitativas sino que más bien postulan que todos los consumidores nos movemos en una dimensión de “impulso generalizado de compra” y que quienes se acercan a la patología simplemente tendrían índices más altos de este impulso. Ahora bien, esta perspectiva más social del fenómeno analizado, aumenta las cifras de personas con comportamientos de compra alterados o al borde la adicción (20% de la población adulta, versus un 2-5% informado por la perspectiva clínica).

Tal como están las cosas, este alto porcentaje de posibles adictos no parece estar tan errado.

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