Agorafobia: Un miedo intenso que incapacita y aisla

Una fuerte ansiedad que afecta a la mayoría de los fóbicos, principalmente a las mujeres. ¿Quieres saber de qué se trata? Lee el siguiente artículo.

Guía de: Psicología y Tendencias

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La agorafobia se define como el miedo intenso a los espacios abiertos, donde podría ser difícil escapar o disponer de ayuda. Más específicamente, en la literatura académica, esta fobia dice relación con el miedo a estar en lugares o situaciones en los cuales pueda ser difícil o embarazoso escapar; o en los cuales pueda no disponerse de ayuda en el caso de tener un ataque de pánico o síntomas similares a los del pánico (mareo, caída, despersonalización, desrealización, pérdida del control de esfínteres, vómito, molestias cardíacas).

Según el Manual Diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM), existen dos trastornos formales que se relacionan a la agorafobia: el trastorno de pánico con agorafobia y la agorafobia sin historia de trastorno de pánico.

Lo importante es que las consecuencias para la persona con este intenso miedo serían: la evitación de las situaciones temidas; el sometimiento a ellas con gran ansiedad y malestar; o, la necesidad de ser acompañada en dichas situaciones.

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Este trastorno tiene una prevalencia vital de 5% en nuestra cultura; afectando mayoritariamente a mujeres (67-75%). Dentro de las fobias, es la más frecuente e incapacitante a nivel familiar, marital, social, laboral y personal. Incluso, se asocia a repercusiones del orden del humor depresivo y el abuso de sustancias.

Sin embargo, como siempre señalamos, este y otros trastornos psicológicos tiene tratamiento. Desde la perspectiva de las intervenciones psicológicas, aquellas comprobadamente eficaces para este tipo de fobias son: la exposición y/o auto exposición en vivo y la terapia cognitivo-conductual. La primera intervención, dice relación con exponerse sistemática y paulatinamente a situaciones de la vida real que son temidas por los pacientes.

El tratamiento psicológico también puede combinarse con tratamiento farmacológico a cargo de un psiquiatra. En este caso, suelen usarse medicamentos de tipo anti depresivo. El pronóstico de estos tratamientos es bueno. La mayoría de los pacientes suelen mejorar siempre y cuando se traten oportunamente.

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