Análisis del sexo: ¿Qué es y cómo se ha desarrollado en nuestra sociedad?

El sexo como hecho social, su relevancia a lo largo de la historia, la influencia del cristianismo y la actitud actual respecto al sexo.

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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la palabra “sexo” se refiere a las características biológicas que definen a un ser humano como hombre o mujer. Como esta definición, existen muchas otras que utilizan la palabra sexo para definir lo que en líneas generales podríamos llamar como diferencias de género.

Ahora bien, según la Real Academia Española, la palabra sexo tiene diferentes acepciones:

1. m. Condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas.
2. m. Conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo. Sexo masculino, femenino. 
3. m. Órganos sexuales.
4. m. Placer venéreo. Está obsesionado con el sexo.      

Recién en su cuarta acepción, encontramos la palabra sexo relacionada directamente con la actividad sexual. Ahora, todos sabemos que en el lenguaje popular y para la mayoría de las personas “sexo” se entiende como el acto sexual propiamente tal y todo lo relacionado con él (desde formas, frecuencia, seguridad y romance hasta pornografía y prostitución).

En la historia de la evolución humana, la sexualidad aparece como uno de los ejes de configuración de la cultura; es decir, de la separación de los homínidos superiores de la naturaleza, y de la conformación de la especie homo sapiens sapiens, como algo distinto a la naturaleza, como historia.

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Las actitudes occidentales hacia el comportamiento sexual han sido modeladas durante cerca de doscientos años de forma determinante por el cristianismo. Aunque los diferentes grupos cristianos tenían ideas muy diversas sobre el lugar que ocupaba la sexualidad en la vida, la idea dominante en la Iglesia cristiana era que toda conducta sexual es sospechosa, a no ser que tenga como fin la procreación.

En el siglo XIX, las premisas religiosas sobre sexualidad fueron, en parte, reemplazadas por las de tipo médico. Sin embargo, la mayoría de los primeros escritos de los médicos sobre este tema eran tan estrictos como los de la Iglesia. Algunos señalaban que cualquier tipo de actividad sexual no relacionada con la reproducción acarreaba graves perjuicios físicos. Se llegó a decir que la masturbación producía ceguera, locura, enfermedades cardíacas y otros males y que el sexo oral podía producir cáncer.

Actualmente, podríamos decir que las actitudes tradicionales hacia la sexualidad coexisten con otras más liberales que se desarrollan principalmente en la década de los sesenta. Algunas personas, creen que las experiencias sexuales prematrimoniales son malas y desaprueban, en general, toda forma de conducta sexual que no se la actividad heterosexual dentro del matrimonio. Por el contrario, a otras personas les parecen legítimas las actividades sexuales prematrimoniales y lo proclaman activamente; a la vez que mantienen una actitud tolerante hacia otras prácticas sexuales. En general, las actitudes hacia el sexo se han hecho, indudablemente, mucho más permisivas en los últimos treinta años en la mayoría de los países occidentales.

En la sociedad actual, globalizada y urbanizada, el comportamiento sexual podría definirse como “civilizado”. Si bien, las condiciones urbanas pueden favorecer un mayor número de contactos sexuales; muchas veces no fomentan una sexualidad sana. A modo de ejemplo, en el campo de la densidad corporal, el contacto físico más o menos completo a que obliga el “roce social” -particularmente en los trasportes- prolonga durante largos períodos del día el contacto físico entre cuerpos en posiciones y ambientes desagradables y forzados. Esto tiende más bien no a sexualizar, sino a asexualizar e incluso antisexualizar al ser humano. El vivir excesivamente juntos (hacinamiento) lleva  las personas a una irritación mutua constante fraccionándose el componente sexual de “estar juntos”, sustituyendo su parte erótica por algo banal.

Podemos concluir que el sexo es una actividad social y como actividad social no puede acontecer en el caos, por ello, toda sociedad, en cierta medida, necesita “regular” el sexo.  La sociedad se ocupa de definir qué es sexo y qué no lo es, describe que espacios y tiempos tiene adjudicados, que actores lo ejecutan y cuales no, de qué modo lo hacen, y las razones y consecuencias sociales de todo ello. Por ende, no podemos negar que en todas las sociedades la sexualidad es y está en las relaciones sociales, en la economía, en las creencias, en las instituciones, es fundamento de la política, y ocupa un espacio fundamental en la vida de cualquier ser humano.

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