Diferencias de género en el aula: Los riesgos de crear estereotipos entre niños y niñas

La escuela pasa a ser, en cierta medida, un reproductor más de las diferencias de género que se dan en nuestra sociedad.

Guía de: Psicología y Tendencias

Niños y niñas en la sala de clases

 

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Las diferencias de género en el aula tienen relación con los diferentes roles que en la sociedad de hoy cumplen hombres y mujeres. Según el Servicio Nacional de la Mujer, debido a la socialización, niños y niñas tienden a cumplir roles diferentes dentro de la sala de clase. Así, la escuela pasa a ser, en cierta medida, un reproductor más de las diferencias de género que se dan en nuestra sociedad.

Usualmente, se diferencian niños y niñas desde su ingreso a la escuela, por ejemplo, haciéndolos formarse en filas distintas o teniendo acceso a distintos lugares en el patio. Los niños tienden a tener un mayor espacio implícitamente asignado en el patio. Más aún, algunos estudios demuestran que al salir a recreo, las niñas tienden a tener menos acceso a espacios más grandes de juego o a juguetes más activos. Incluso, se ha llegado a afirmar que las niñas son participantes más bien inactivas en todos los aspectos de la vida escolar, aprendiendo así a cumplir un rol más bien pasivo y cauteloso.

Algunos estudios señalan que las/os profesoras/es tienden a recompensar más a las niñas por su apariencia, su nivel de cooperación y su obediencia. Y, por otro lado, recompensan a los varones más bien por sus logros. Incluso se estima que niños y niñas son recompensados/as por realizar actividades estereotipadas por género (por ejemplo, varones jugando fútbol y niñas jugando “al papá y a la mamá”). Usualmente, las niñas son percibidas por sus profesores/as como más motivadas, mejor comportadas y menos demandantes; sin embargo, algunos/as profesores/as pueden llegar a despreciar esta actitud diligente y “conformista” de las niñas. Incluso, llegando a ser percibida como “más interesante” la poca conformidad de los varones.

Comúnmente, los estereotipos sociales se relacionan con la creencia de que las mujeres son más incompetentes en áreas como las matemáticas o tecnología y mejores para las áreas de contenido. Por el contrario, los niños serían más exitosos en áreas más tradicionalmente relacionadas con su género como la metalurgia o la carpintería. Se afirma que, a pesar de no existir diferencias en los puntajes de niños y niñas en matemáticas, las/os profesoras/es perciben que los niños son significativamente más hábiles que las niñas en esta materia. Un estudio llevado a cabo en Chile por docentes del Colegio de Profesores señaló que “al preguntarle al profesorado por la habilidad matemática de las niñas, el 42% afirmó que las mujeres tienen menor habilidad que los hombres en esta materia”.

Lo peligroso de estas percepciones segregadas y rígidas es que éstas tienen consecuencias en los/as niños/as a través de las acciones que toman los/as docentes en respuesta a sus expectativas. Algunos estudios demuestran que cuando las/os profesoras/es creyeron que niños y niñas obtendrían resultados similares en determinadas evaluaciones académicas, sus puntajes fueron efectivamente muy similares. Sin embargo, cuando creyeron lo contrario (que a los niños les iba a ir peor), éstos tuvieron resultados considerablemente inferiores a los de las niñas. Las expectativas diferenciadas de las/os docentes se acrecientan cuando se trata de materias más comúnmente descritas como “femeninas” o “masculinas”. Algunas investigaciones arrojan que el grupo más estimulado dentro de las aulas corresponde a los niños y que la percepción de los/as profesores/as sobre las niñas es que éstas poseen una baja creatividad y les asignan tareas relacionadas con “su sexo”. Otros estudios agregan que, en general, los/as profesores/as interactúan más con los varones: tienden a castigarlos más, contestar más preguntas sus preguntas, profundizar más sus comentarios y ayudarlos más en las tareas. Incluso fuera del aula los/as profesores/as tienden a interactuar más con los niños que con las niñas.

No son sólo los/as docentes quienes contribuyen a perpetuar las diferencias de género en las aulas. Se ha demostrado que tanto padres como profesores/as contribuyen a las diferencias de género señalando sus expectativas y motivando a los/as niños/as de manera diferenciada.

Por ende, para fomentar una educación verdaderamente inclusiva y atenta a la diversidad es recomendable:

  • No modelar comportamientos tipificados por sexo tanto dentro como fuera del aula
  • Reforzar y alentar las actividades o materias que digan relación con las habilidades propias de cada niño/a, independiente de si es hombre o mujer

 

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