Disfunción eréctil: definición, causas, diagnóstico y tratamiento

Factores orgánicos y psicológicos pueden ocasionar una incapacidad persistente para mantener una erección. De ser una enfermedad, el tratamiento debe ser integral.

Guía de: Psicología y Tendencias

 

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Según algunos autores, las disfunciones sexuales implican “diferentes formas de incapacidad para participar en una relación sexual deseada”. Esta “incapacidad” puede abarcar desde una falta de interés por el sexo hasta una verdadera imposibilidad de sentir placer o el fracaso de la respuesta fisiológica necesaria para la interacción sexual.

En esta última categoría, cabe la denominada disfunción eréctil, definida como la “incapacidad persistente o recurrente para obtener o mantener una erección apropiada hasta el final de la actividad sexual” -según el Manual Diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría-. Lo anterior, también implica la falta de rigidez necesario para llevar a cabo una relación sexual satisfactoria.

En España, afectaría hasta 2 millones de hombres; siendo el primer motivo de consulta en la mayoría de los servicios sexológicos. Por su parte, en EE.UU afectaría a entre 10 y 20 millones de hombres; llegando a un valor del 67% en varones de 70 años de edad.

En la erección masculina participan mecanismos vasculares, neurológicos y endocrinos; que se activan mediante estímulos sensoriales, psicógenos, visuales, auditivos, etc. Por ende, las causas que provocarían esta disfunción serían un conjunto de factores orgánicos, psicológicos y actitudinales.

Los factores orgánicos constituyen cualquier alteración de los mecanismos de la erección. En ello pueden influir: la diabetes, las alteraciones cardiovasculares, la hipertensión arterial, el consumo de algunos fármacos, el alcohol, el tabaquismo, la insuficiencia renal, la hiperlipidemia o cualquier alteración neurológica.

Los factores psicológicos se clasifican como predisponentes, precipitante y mantenedores. Los primeros pueden asociarse a la educación recibida, la inadecuada información sexual (mitos), la inseguridad respecto del rol sexual, entre otros. Los factores precipitantes pudieran ser problemas de pareja (falta de comunicación u erotismo), expectativas poco razonables sobre el sexo o alguna patología de índole psicológica (depresión, ansiedad, etc.). Finalmente, los factores mantenedores pueden relacionarse con la misma anticipación del fallo, los sentimientos de culpa asociados, etc.

Para evaluar esta disfunción, al igual que cualquier otra, es necesario considerar la historia sexual de la persona, su edad, su experiencia en el ámbito sexual, la frecuencia de su síntoma, el nivel de malestar que le genera y el efecto sobre otras áreas de su quehacer. También se debe tener en cuenta el bagaje étnico, cultural, religioso y social de la persona; el cual, sin duda, influye en su deseo sexual, sus expectativas y su actitud ante las relaciones sexuales. Todo esto, nos permite aseverar nuevamente que el diagnóstico de estas patologías debe hacerse con cuidado y detención. Muchas veces, un problema en la erección que no es persistente puede deberse a factores situacionales (estrés, falta de deseo ocasional) y no constituir una patología.

De ser cierto el diagnóstico, las posibilidades de tratamiento son varias y dependen mucho de la causa de la disfunción. Aún así, siempre es recomendable considerar un tratamiento integral que involucre a profesionales médicos (urólogos u otros) y del área de la salud mental (psiquiatras, psicólogos).

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