El dolor: Un fenómeno que va más allá del cuerpo

Cuando el dolor persiste en el tiempo, ya no sólo se configura como un síntoma, sino como un fenómeno fisiológico y psicológico que requiere atención y tratamiento. Conozca cómo se manifiesta psicológicamente el dolor y qué factores contribuyen a aumentarlo y perpetuarlo.

El dolor es definido por la Asociación International para el Estudio del Dolor (IASP), como “una experiencia sensorial y emocional desagradable con daño tisular (en los tejidos) actual, potencial o descrito en términos de dicho daño”. Esto implica que el dolor es más que un fenómeno sensorial y, por tanto, los aspectos psicológicos o emocionales de la experiencia dolorosa, deben ser considerados explícitamente en su diagnóstico y tratamiento, pues éstos pueden tener un rol relevante en su inicio, severidad, exacerbación y/o mantención.

Lo anterior implica entonces, que no es posible obtener una medición objetiva del dolor, pues cada individuo le otorga una intensidad y un significado que se corresponde con su propia experiencia.  En este sentido, considerar que “ Dolor es todo aquello que el paciente dice que es y existe siempre que él lo dice”, como propone Sternbach, resulta de utilidad para comprender la subjetividad del fenómeno.

El dolor

Foto: El Mercurio

Cuando el dolor va más allá de lo físico y empieza a ser una carga psicológica.

En téminos generales, puede hacerse una diferenciación entre dolor agudo y dolor crónico. Ambos tipos se diferencian, entre otros factores, por los efectos que generan en quien lo experimenta. Es así como el dolor crónico, generalmente interfiere de manera negativa en las actividades habituales de la persona, teniendo mayores consecuencias económicas por el tratamiento, el ausentismo laboral y la elevada utilización de servicios sanitarios. Pero, más allá de esto, las consecuencias emocionales pueden ser nefastas también cuando el dolor no se aborda desde el punto de vista psicológico.

Las personas con dolor crónico, suelen referir sentimientos de impotencia y desesperanza, debido a lo difícil que resulta dar solución a su problema, aun después de someterse a varios tratamientos. Esto resulta difícil de abordar por los familiares y por el círculo social más cercano a quien lo padece, debido a que a pesar de los esfuerzos desplegados, no se logra en muchos casos aportar a una disminución de esta experiencia tan displacentera.  Por otra parte, es necesario considerar que el dolor crónico tiene para algunas personas algún tipo de ganancia secundaria, como por ejemplo, recibir más atención por parte de la familia o tener la posibilidad de zafarse de alguna responsabilidad. Sin embargo, centrarse en la obtención de estas ganancias y relacionarse con otros a partir de repertorios relacionados con el dolor, son tendencias que deterioran considerablemente las capacidades personales, la autonomía y las redes sociales, haciendo además que el afectado no olvide el dolor, teniéndolo siempre presente.

La perpetuación del ciclo del dolor o círculo vicioso, como algunos han decidido llamarlo, es un tema en sí mismo. En la lucha contra el dolor, a veces las personas entran en un proceso en el que las mismas estrategias utilizadas para disminuirlo,  como por ejemplo, la modificación de la respiración, los cambios de postura o el aumento en la tensión de algún grupo muscular. Paradójicamente, al tiempo que estas estrategias disminuyen la sensación en el momento, a la postre terminan incrementando el problema, aumentando el impacto del dolor a través de la aparición de contracturas musculares en zonas aledañas al núcleo del dolor, por ejemplo.

Existen otras modalidades a partir de las cuales puede manifestarse  este ciclo o círculo vicioso. Una de éstas tiene relación con la energía que se despliega permanentemente en los intentos por manejar el dolor, lo que produce un cansancio que dificulta la capacidad de la persona de realizar ejercicio para mantenerse activo y en forma. A partir de ello, el ciclo se perpetúa, tendiendo a empeorarse el dolor por la falta de ejercicio.

No confiar en la propia capacidad para afrontar el dolor de manera proactiva, también contribuye a la persistencia del círculo vicioso, llevando a las personas a asumir una actitud pasiva y autoflagelante. Del mismo modo, el abuso y la dependencia de narcóticos y psicofármacos, las alteraciones del sueño, la rabia, la depresión, la ansiedad, el estrés y la tendencia a mirar el dolor con preocupación y fatalismo inciden claramente en el mantenimiento del dolor, al alterar la capacidad de verlo tal cual es, agregándole aun más temores, dramatismo e incontrolabilidad a los significados asociados al dolor.

“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”

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