Factores psicosociales y enfermedades cardiovasculares

Las enfermedades cardiovasculares se asocian a factores de riesgo claros y objetivos, sin embargo, existen ciertos rasgos de personalidad, actitudes y formas de afrontamiento, que pueden influir notablemente también en el desarrollo de estas afecciones. Conozca estos factores y prevenga la enfermedad.

En la hipertensión y en los problemas cardiovasculares, tal como en todas las enfermedades crónicas, existen factores de riesgo o predisponentes. Estos pueden ser divididos en dos categorías: principales y contribuyentes. Los factores principales son aquellos con efecto comprobado en el aumento del riesgo cardiovascular. Entre ellos se encuentran: el tabaquismo, la obesidad y sobrepeso, el colesterol elevado y la diabetes. Por otra parte, los factores predisponentes, son aquellos que se considera, pueden dar lugar a un mayor riesgo cardiovascular, pero aun no se ha definido exactamente cuál es su rol.

En esta categoría, de predisponentes, podemos situar a los factores psicosociales involucrados, a pesar de que múltiples investigaciones ya han logrado establecer que funcionarían como “mediadores” para su desarrollo y/o desencadenamiento. Esto implica que factores tales como:

Enfermedades cardiovasculares

Foto: El Mercurio

La rabia es uno de los factores psicosiocailes que incide en las enfermedades cardiovasculares.

-          La exposición al estrés psicosocial o situacional: Que puede estar relacionado con el trabajo, con preocupaciones económicas, familiares, eventos vitales intensos emocionalmente, etc.

-          Atribución de significados negativos a las situaciones.

-          Respuestas disfuncionales al estrés.

-          La percepción de no tener el control de las situaciones.

-          La depresión.

-          La ansiedad.

-          Altos montos de rabia.

Combinados con factores genéticos, pueden predecir riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Investigaciones, a lo largo del tiempo, han relacionado ciertos tipos de personalidad como más riesgosas en este aspecto. Factores como el “complejo de hostilidad”, caracterizado por la presencia de cólera o ira no expresada, competitividad, necesidad de dominio y explosividad. Estas cualidades, unidas a la impaciencia, la percepción del tiempo como en permanente urgencia, la sobrecarga laboral y el sobreinvolucramiento en el trabajo, se describen como características potencialmente riesgosas para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

Otros autores proponen que la afectividad negativa y la inhibición social, componen otro estilo de personalidad con mayor riesgo de tener un infarto al miocardio en comparación a la población que no presenta este patrón. La afectividad negativa, es entendida en este contexto, como la tendencia a experimentar un aumento del estrés negativo o “distrés” a través del tiempo y en diferentes situaciones, acompañado de enojo, resentimiento y frustración permanente.

Asimismo, se ha establecido que la depresión y el apoyo social, están mucho más relacionados a la evolución y pronóstico de las enfermedades cardiovasculares, una vez que éstas se han manifestado.

Conocer estos mediadores psicosociales, permite evaluar el propio estilo de vida, la forma de significar y dar respuesta a las exigencias y desafíos de la vida, de manera que sea posible establecer si se está viviendo de un modo saludable o si se está expuesto a un riesgo permanente.

Es, entonces, altamente necesario que quienes se sientan retratados en las descripciones anteriores, tomen las medidas necesarias para disminuir sus niveles de estrés, hostilidad y frustración.

Enfermedades cardiovasculares

Foto: El Mercurio

El estrés también aumenta las posibilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Cabe señalar, sin embargo, que muchas personas estresadas no son capaces de reconocer ni describir sus propios niveles de estrés adecuadamente. Se ha comprobado que el reporte de distrés es más fidedigno y funciona como un mejor predictor de las enfermedades coronarias y la angina de pecho, cuando la descripción de los niveles de distrés está hecha por otro significativo.

Esto implica que, además de evaluar por usted mismo su estilo de vida, resulta positivo abrirse a recibir las impresiones de quienes se encuentran cerca, pues puede ser que esté llevando una vida tan excesivamente agitada, llena de estrés, tensión, hostilidad y preocupaciones, que no se ha detenido siquiera a mirarse y a percibir sus propias sensaciones en relación con su estado físico/mental/emocional.

Estrategias, programas y terapias de entrenamiento en manejo de estrés han demostrado tener efectos positivos en hipertensos. Sin embargo, es recomendable comenzar probando la posibilidad de dejar el piloto automático, detenerse, escuchar al cuerpo y tomar conciencia de cómo estamos realmente, para poner freno a la carrera desesperada en la que muchas veces se entra, a pesar de la existencia de otras formas y posibilidades de conducirse.

Esto nos permitirá tener una mejor calidad de vida, prevenir las enfermedades y no tener que recurrir a medidas terapéuticas ni paliativas.

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