La violencia en las parejas: Mucho más allá de los golpes y las marcas físicas
- Camila Rodríguez, ex guía de Psicología y Tendencias
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Un estudio norteamericano sobre la violencia en familias de EE.UU. puso de manifiesto que en 1 de cada 6 familias, un cónyuge maltrataba físicamente al otro. Esto, teniendo en consideración que tener en cuenta que, por muy bien que se haga la entrevista, no es fácil que una persona reconozca ante un extraño que es víctima de violencia.
En el mismo marco, otro estudio dimensiona que en un 95% de los casos, la violencia doméstica consiste en malos tratos del varón hacia la mujer. El 5% restante, sin embargo, tampoco puede desestimarse. Aunque existe muy poca información al respecto; se estima que la mayoría de los casos ocurren en parejas homosexuales (masculinas o femeninas). En parejas heterosexuales -en que no es el hombre el protagonista de la violencia- se ha llegado a identificar el “síndrome del hombre maltratado”. También existe lo que se denomina “violencia cruzada”, relaciones en que ambas partes ejercen violencia contra el otro.
La violencia -dentro del contexto familiar- ha sido definida por expertos como “toda acción u omisión cometida en el seno de la familia por uno de sus miembros, que menoscaba la vida o la integridad física o psicológica, o incluso la libertad de otro de los miembros de la misma familia, que causa un serio daño al desarrollo de su personalidad”.
Lo importante de esta definición es que hace referencia a un amplio concepto de lo que podría considerarse violento; pues, involucra aquello abiertamente violento (como lo son los golpes) y también, las dimensiones más ocultas de la violencia (como lo es, por ejemplo, rechazar al otro).
Las últimas investigaciones y consensos internacionales han permitido diferenciar claramente dos dimensiones de la violencia: la violencia física y la violencia no-física. Esta última categoría incluye las amenazas y los actos que puedan causarle sufrimiento al otro.
Así, hoy por hoy, la violencia (doméstica, familiar o de pareja) involucra:
- Violencia emocional/psicológica: frecuentes enojos, ofensas, descalificaciones, humillaciones, amenazas, dominio de las decisiones, restricción de las salidas, las amistades, el dinero (violencia económica), malos tratos (escupos, abandonos temporales, miradas de desprecio, actitud de rechazo, indiferencia a las necesidades del otro, silencios), etc.
- Violencia física: empujones, cachetadas, patadas, golpes con diversos objetos, mordidas, cortes, quemaduras, etc.
- Violencia sexual: forzar una relación sexual en cualquier contexto desagradable para el otro (durante enfermedad, frente a otras personas), forzar una relación sexual de alguna forma que no sea del agrado del otro, propinar golpes durante la relación sexual, realizar críticas respecto del funcionamiento sexual de la pareja.
En este contexto, es importante identificar las creencias (indudablemente erróneas) de las personas que son receptoras de violencia. Estas personas usualmente:
- Desestiman las primeras manifestaciones de violencia.
- Se avergüenzan de su situación.
- No facilitan (incluso dificultan) cualquier acción en su defensa.
- Reaccionan tardíamente ante lo que experimentan; a veces, cuando ya están en una situación de alto riesgo.
- Vuelven con su castigador una y otra vez.
- Declaran amarlo/a.
- Se someten.
Conocer estas creencias nos puede permitir acercarnos a estas personas desde la comprensión y poder ofrecerles ayuda, en la medida de nuestras capacidades. Parte de la ayuda es favorecer el acercamiento de la víctima a un profesional apto (psiquiatra, psicólogo/a, asistente social, etc.).
La invitación es a erradicar todas las formas de violencia en nuestras relaciones.
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