¿Por qué discriminamos tanto en Chile?

La discriminación se da en un gran número de grupos de personas, manifestándose en el ataque a todo lo que sea distinto de ese grupo o canon en particular.

Los casos repetidos de bulling en los colegios, las noticias que hablan sobre personas  que han sido maltratadas por su condición étnica, sexual, edad, apariencia física o creencias, es pan de cada día en la prensa y todo lo que nos transmiten los medios de comunicación. Y la realidad es que nos hemos convertido en una sociedad altamente discriminatoria, esto quiere decir, rechazamos todo lo que nos parezca raro o distinto a nosotros.

Desde la psicología social, el fenómeno de la discriminación tendría relación con la necesidad de las personas de tener sentido de pertenencia hacia un grupo, es de sentido común decir que somos seres sociales y necesitamos sentirnos parte grupos de iguales, desde la antigüedad el concepto de tribu o comunidad ha sido necesario para las personas, lo que muchas veces se contrapone con los valores individualistas de la sociedad actual.

Discriminación

Foto: EFE

Es por eso que en vez de formar comunidad entre diferentes personas, nos agrupamos bajo criterios rígidos y muchas veces extremos para definir nuestra identidad y poder realizar este sentido de pertenencia a un grupo o comunidad. El resultado de esto es conformar una idiosincrasia de prejuicios y antipatía contra todo lo diferente y externo con el fin de asegurar lo propio o la pertenencia a lo que cada uno es o cree ser.

El hombre moderno en la sociedad actual vive grandes confusiones: no sabemos bien cómo somos ya que una parte de nuestra identidad está inconclusa al no pertenecer a ningún grupo de manera explícita y eso nos produce temor. Como consecuencia del miedo muchas veces viene la agresión hacia lo diferente para poder afirmar mi posición y con eso validar mi condición o creencia. Lamentablemente estos patrones de discriminación se han ido transmitiendo de padres a hijos en las familias con la serie de prejucios  y rechazo que traen consigo, lo mismo en las Instituciones Estatales, Colegios, Organizaciones, conformándose una práctica muchas veces invisible.

¿Qué hacer si he sido víctima de discriminación? En menor o mayor medida la mayoría de las personas hemos sido víctimas de discriminación, ya sea en nuestras experiencias escolares, en la adolescencia o en la vida adulta nos hemos encontrado frente a situaciones en las que hemos sido rechazados y dañados por no cumplir ciertos requisitos para pertenecer a tal o cual grupo.

La recomendación que le doy a mis pacientes es en primer lugar vivir las emociones que se presentan en ese momento, como pena, rabia e impotencia, es importante conectarse con las emociones que provoca la discriminación ya que no es sano “hacer como si nada” frente a la injusticia social. Por otro lado es importante denunciar a los agresores y pedir ayuda, buscar protección frente a la situación que se presenta.

Muchas personas tienden a quedarse aisladas frente a estos hechos de maltrato y por lo tanto son más vulnerables a que esta situación siga ocurriendo y se amplíe. En el caso de que la persona presente problemas para continuar con su vida normalmente, como por ejemplo trastornos en el sueño, alimentación, problemas para concentrarse, angustia, etc, le recomiendo pedir ayuda a un especialista para resolver el problema y prevenir que estas situaciones le vuelvan a ocurrir en el futuro.

¿Cómo combatir la discriminación? Si bien es una práctica bastante enraizada en nuestra sociedad, cada uno puede ir haciéndose cargo del problema aportando en obras diarias para ir erradicándola. Como recomiendo en otros artículos, la tarea siempre debe comenzar por casa, cada uno es capaz de combatir este problema desde su propia persona y dentro de su familia. Enseñar a nuestros hijos desde la tolerancia y el respeto a todos y cada uno de los seres vivos, lo mismo en relación al cuidado de las palabras que decimos  y la manera en que nos referimos a otros, son algunas de las formas de combatir la agresión y el daño entre personas, todas dignas de aceptación.

Hacer de nuestra sociedad un lugar justo no es solo tarea de los gobernantes ni líderes sino que depende también de nuestro entorno más cercano y cotidiano, de nuestras actitudes diarias que vayan aceptando y valorando las diferencias de todas las personas que enriquecen nuestro entorno más que disminuyen.

Depende de cada uno ver en qué valores pone en énfasis en su vida diaria, la sociedad actual nos llama a competir, a tener más, a ser exitosos a toda costa y a desconfiar de los otros. Podemos comenzar a cambiar estos valores por unos que incluyan la cooperación, la aceptación, el respeto y valoración de todos quienes nos rodean para así ir construyendo una sociedad más humana y real.

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