Síndrome de Estocolmo: ¿En qué consiste la inusual reacción psicológica de un secuestrado?

Te secuestran, ¿qué haces? Recurres a tu secuestrador. Entérate de más en el siguiente artículo.

Guía de: Psicología y Tendencias

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En 1973, Olsson entra a un banco en Estocolmo -Suecia- con el objetivo de efectuar un robo. Al verse rodeado por la policía, Olsson toma de rehén a una empleada de la oficina bancaria -Kristin- por varios días. Terminada la aventura, Kristin se encontraba completamente enamorada de su captor.

Así surge el denominado “Síndrome de Estocolmo” como un conjunto de mecanismos psicológicos que determinan la formación de un vínculo afectivo de dependencia entre las víctimas de un secuestro y sus captores. Lo anterior, implicaría la aceptación -por parte del secuestrado- de las ideas, creencias, motivos o razones de las que se sirven sus secuestradores para llevar a cabo sus acciones.

En términos formales, la literatura académica sostiene que este síndrome no se ha caracterizado nunca como un conjunto de signos y síntomas clínicos que constituyan una categoría diagnóstica; al menos en los manuales diagnósticos reconocidos.

A pesar de que existen muy pocos casos reconocidos públicamente y estudiados de manera formal, se ha analizado la posibilidad de que el Síndrome de Estocolmo pudiera ser causado por un tipo de estado disociativo que llevaría a las víctimas a negar la parte violenta del comportamiento del secuestrador; ignorando así sus propias necesidades y volviéndose hipervigilante ante las necesidades de su agresor.

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Más aún, se han definido ciertas condiciones necesarias para que este síndrome llegue a gestarse. Entre ellas:

  1. El aislamiento y monotonía estimular, lo cual vuelve al secuestrador un referente importante.
  2. Un conjunto de valores y cogniciones revestidos de argumentos motivadores, lo cual termina por fundamentar la acción del secuestrador.
  3. El pronunciado contacto entre rehén y secuestrador, lo cual abre la vía que permite a la víctima identificarse con su captor.

Finalmente, los estudios en el área han determinado que -aunque se cumplan dichas circunstancias- la incidencia de este síndrome no es tan habitual como se supone popularmente. Los mecanismo psicológicos individuales hacen la diferencia. De hecho, en términos generales, se podría afirmar que mientras más estable y consolidado sea el estado psicológico global del individuo antes de ser secuestrado, mejor será su respuesta a los factores negativos que deberá afrontar para subsistir.

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