Trampas de la mente: ¿Qué pasa si nos ponemos en el lugar del otro en vez de condenarlo?

En este artículo les quería presentar uno de los muchos fenómenos estudiados por la psicología social y cómo eso afecta sus vidas diarias, me refiero al llamado “sesgo actor-observador”.

Para entenderlo es más fácil comenzar por poner un ejemplo. Pongámonos en la siguiente situación. Usted, estimado lector, quedó de juntarse en un lugar determinado con un compañero de trabajo a tomar una cerveza a las siete de la tarde. Digamos que este compañero llega alrededor de las ocho. ¿Por qué cree que llegó tan tarde? Si se toma un par de segundos las razones más probables se parezcan a “no planificó bien”, “siempre llega tarde”, “él es así, descuidado”, “le da lo mismo/no está ni ahí”, “otras cosas son más importantes para él”, o lisa y llanamente “es impuntual y un irresponsable”. Ahora, demos vuelta la situación, si es usted quien llega tarde a la reunión. Trate de imaginar las razones por las que usted llegaría tarde a encontrarse con su amigo. Probablemente haya pensado en situaciones como: “no pasaba el Transantiago”, “tuve algún percance”, “algo me tiene que haber pasado”, “tuve un problema para llegar”, etc.

Probablemente ya se comienza a entender de qué es que estamos hablando. Se le llama sesgo actor-observador al fenómeno cognitivo involuntario por el cual se tienden a atribuir erróneamente causas personales, individuales, o “internas” a la conducta del resto y asimismo atribuir la propia conducta a factores “externos” fuera de nuestro control. Este efecto fue descubierto y trabajado extensamente en los años 70’s, y actualmente también existen varias investigaciones al respecto.

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Foto: Internet

En nuestro básico caso de ejemplo podemos ver que el llegar tarde en el caso de observar a otro, se le atribuye fácilmente a factores de la personalidad, o de la mala intención de nuestro amigo. Se nos hace más difícil pensar que pueden haber influido variables contextuales (externas). Sin embargo, cuando se trata de la propia conducta en nuestra calidad de actores, son estos factores externos los primeros que se presentan a la mente cuando queremos explicar nuestros comportamientos y motivaciones.

Proceso presente en muchas instancias

Si bien nuestro ejemplo es bastante básico e inocuo, este mismo proceso de pensamiento se hace presente en muchas otras instancias del diario vivir. Por ejemplo en el trabajo, el jefe tiende a atribuir los errores o fracasos a que el trabajador tuvo la mala voluntad, que es incompetente, o hasta puede llegar a pensar que es una mala persona. También pasa con los propios compañeros, fácilmente pensamos que el resto hace las cosas mal porque son tontos, o flojos, pero en lo que a nosotros mismos respecta nos equivocamos porque no nos explicaron bien, o porque teníamos otras prioridades fuera de nuestro control.

También lo podemos ver en las relaciones de pareja, es típico oír que una persona se queja de los atributos o de la conducta de su pareja sin pensar en el contexto en el que se dan… Pero cuando piensa en su propia mala actitud o conducta, siempre logra atribuirlo a un factor externo a sí mismo/a (“él/ella es enojón/na” vs. “él/ella me provoca”).

Tomando esto en cuenta, se puede ver inmediatamente que este tipo de error profundamente involuntario es el responsable de muchos de los problemas y malos entendidos que tenemos diariamente en diversos contextos. Y, si bien es un fenómeno sobre el cual tenemos escaso nivel de control, sí es posible evitarlo de vez en cuando tomando ciertas precauciones.

Por ejemplo detenerse para preguntarse a sí mismo cómo se habría comportado uno en el caso del otro, o qué factores del contexto están influenciando los comportamientos del otro, o en última instancia pensar cómo responderían otras personas a situaciones similares. En todos los casos, detenerse un poco a pensar la situación más detalladamente y pensar al otro como una persona tal como uno, puede ayudar muchísimo a prevenir desencuentros, malos entendidos y hasta conflictos abiertos. Este sesgo también se asocia comúnmente al error fundamental de atribución y al sesgo de autoservicio.

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