Vivir solo: ¿Qué implicancias tiene hacerse independiente?

Comodidad, responsabilidad, privacidad, control y tantas otras cosas. Podríamos seguir enumerando las cualidades que tiene el “vivir solo”.

Guía de: Psicología y Tendencias

Vivir solo

Vivir solo puede transformarse en una experiencia crucial en la vida de una persona.

Es en la etapa de la adultez joven en que, la mayoría de nosotros, emprendemos el camino hacia la independencia total de nuestros padres. ¿Por qué? Pues porque es el trabajo y la mayor solvencia económica la que nos permite dejar a nuestra familia de origen.

Aún así, esta es una decisión muy personal; ya que hay muchos adultos que -a pesar de haber entrado en el mundo laboral- continúan viviendo al amparo de sus padres por distintos motivos (temor a la soledad, miedo al fracaso, inmadurez, escasa liquidez, aprensión al juicio de los demás, prioridad de otros proyectos, etc.)

Expertos en el tema destacan que el factor decisivo a la hora de independizarse es la madurez psicológica de quien toma la decisión. Dicha madurez dice relación con la capacidad de responsabilizarse por las propias decisiones y las consecuencias de las mismas; lo cual, implica autonomía en el amplio sentido de la palabra.

Antes de decidir independizarse, sería necesario analizar al menos:

  1. Si nuestras finanzas nos permiten dar el paso y costear la vida que queremos. O, por el contrario, si aceptaremos la ayuda de alguien más (como nuestros padres, un room mate, etc.).
  2. Si tenemos la madurez emocional para dejar nuestro hogar de origen y renunciar, por ejemplo, a una mayor compañía, mayor seguridad y mayores facilidades.
  3. Si queremos asumir las responsabilidades que implican vivir solo (tanto económicas como emocionales).

Vivir solo

En suma, la experiencia de volverse independientes no parece ser una etapa fácil de franquear para quien opta por ello. De hecho, es un proceso que tampoco se hace fácil para el resto de la familia. A pesar de ser una fase más de la dinámica cambiante que es el ciclo familiar, puntualmente, los padres experimentan sus propias dificultades al momento de “dejar ir” a sus hijos.

Pueden surgir sentimientos de soledad, ansiedad, preocupación y tristeza ante la partida de un hijo; ya que para los padres, la crianza se da por terminada.

Para todo ello –tanto para padres como para hijos- la recomendación es a observar esta etapa como una experiencia normal dentro del ciclo de vida familiar. Para lograrlo, es importante comprender que la familia siempre está en constante cambio, que cada uno de sus integrantes tiene sus propias capacidades y que por lo mismo, se propone sus metas y objetivos personales -que, como familia, debemos ayudar a concretar-.

Vivir solo

 

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