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El Colemono, desconocida historia de un trago tradicional

Muchos mitos giran en torno a este elixir, muchas recetas y maneras de beberlo. Siglos acompañan la historia de esta bebida.

Cientos de familias tienen la costumbre que cuando el Papá pone el último adorno, la cúspide de nuestro árbol de navidad, entra mamá con una bandeja de Pan de pascua y vasitos con cola de mono o colemono. Sin alcohol para los más pequeños y con ese dejo de malicia que le da el aguardiente para los ya adultos. Y oficialmente comienza Navidad, porque antes todo es publicidad pero si el árbol o nuestras costumbres no toman forma esta época no llega a casa.

Leche, cardamomo, canela, clavo de olor, nuez moscada, café  y algo de azúcar van a fuego para comenzar esta pócima de colemono que ya su olor nos hace recordar aquellas antiguas “pascuas” como le llamaban con los abuelos y todo el familión. Una vez  hervida e infusionada la leche se enfría y se agrega la vainilla y Aguardiente. Algunos más fuertes, otros más suaves, incluso algunos con leche condensada, un condimento de menos otro demás, no importa en realidad la receta, por cada familia encontraremos una diferente, lo que no llama hoy es la historia.

Varias son las leyendas alrededor de esta bebida, desde sencillas historias acerca de su color, como intrincadas fábulas dignas de cualquier escritor de ciencia ficción.

Colemono

Foto: Carla Dannemann

Varias son las leyendas alrededor del colemono

La primera leyenda, que pueden buscarla en el “Diccionario de Chilenismos y otras voces y locuciones viciosas”,  nos cuenta de que su color café y su primer envase de venta, en  cuyos años era la clásica botella de anís del mono, fueron las que bautizaron el “ponche de leche como cola de mono”.  Otros más osados se atreven a decir que era en Honor al señor Pedro Montt, ya que sus amigos le apodaban el “mono Montt”.

Es en realidad este personaje quien se centrará en varias leyendas acerca del nombre, no sé cual es ciento por ciento real, pero creo que el misterio le da a esta bebida también algo de espectacular.

Según Torres Vergara, siendo Presidente de Chile, Don Pedro Montt disfrutaba junto a sus amigos de una velada en casa de doña Filomena Cortes, el señor Montt habría pedido que le entregaran su revólver para retirarse. El cielo se caía a pedazos debido a una fuerte lluvia, y nadie quería que él se fuera, por lo que  argumentaron no encontrar el revólver y lo convencieron de continuar la fiesta. Como se habían acabado los vinos y licores, agregaron aguardiente y azúcar a un jarrón de café y leche. La bebida, que tuvo gran éxito, fue bautizada como Colt de Montt (haciendo alusión al asunto del revólver, ya que el revolver del señor Montt era un Colt). El nombre de la Colt de Montt, al igual que de Lord Willow para los Vilos, habría degenerado en “col e mon” , “colemono” y, finalmente, “Cola de mono”.

También se rumorea que los seguidores de Riesco al derrotar a Montt  en la elecciones de 1901, parten a la calle San Pablo a celebrar la “cola de Montt”, y el dueño del local les sirve la especialidad de la casa que constaba de helado de café derretido con aguardiente. Es en ese momento que la bebida es bautizada como la “Cola de Montt”, nombre que gracias a diferencias y relatos deriva en cola de mono, hoy colemono.

Don Eugenio Pereira Salas, en “Apuntes para la historia de la cocina chilena”, da como creadora de este brebaje a doña Juana Flores, que hasta hace pocos años mantuvo su venta en San Diego. Algunos argumentan que  lo creó su marido, quien se molestaba cuando lo llamaban Cola de Mono y no “Colemono”, como él lo habría bautizado.

Puedes escoger la receta y versión que más te acomode a contar y adornarla con un poco de tu cosecha, así aportarás a mantener el misticismo de este trago navideño y ayudar que tus hijos y sus hijos mantengan vivas las raíces de esta hermosa fiesta familiar.

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