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¿Cómo reducir la grasa abdominal? 5 consejos esenciales lograrlo

En hombres, cualquier medida de la circunferencia de la cintura que sobrepase los 102 centímetros es considerada como obesidad abdominal.

Más alla del problema cosmético que represente la adiposidad corporal, es la grasa de la cavidad abdominal la que es realmente problemática para la salud.

En hombres, cualquier medida de la circunferencia de la cintura que sobrepase los 102 centímetros es considerada como obesidad abdominal, mientras que en las mujeres la medida límite es de 88 centímetros. Pero a no preocuparse si se sobrepasan esos parámetros: hay varias medidas que se pueden tomar para eliminar esta peligrosa grasa.

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Nada de azúcares líquidos. Para empezar, hay que eliminar por completo el consumo de refrescos. El azúcar que contienen está compuesta por glucosa y fructosa, y esta última sólo puede ser metabolizada por el hígado en una cierta cantidad.

Así, cuando se consume demasiada azúcar, el hígado ya no puede metabolizar la fructosa de manera suficiente y la convierte en grasa. Esta es la manera en la cual el consumo excesivo de fructosa contribuye a más grasa abdominal.

Y, en el caso de las calorías líquidas, el problema es peor. El cerebro no las registra de la misma manera que las sólidas, lo cual determina que cuando se consumen bebidas azucaradas, el nivel de calorías totales consumido termina siendo mayor.

Más proteínas. Otro paso que quizás pueda contribuir es el de sumar proteínas a la dieta, ya que acelera el metabolismo y reduce los antojos. En este sentido, hay algunos estudios que demuestran que una consumir una dieta rica en proteínas reduce la grasa abdominal.

Para lograr el efecto deseado, se recomienda que el consumo de proteínas ocupe entre el 25 y el 30 % de las calorías diarias. Carnes, pollo, lácteos, huevos, pescado y mariscos son las mejores fuentes de proteína para la dieta.

Menos carbohidratos. Otro camino a la reducción de la grasa abdominal es la de recortar la presencia de hidratos de carbono en la dieta.

Esto puede llevar no sólo a una pérdida de peso mayor que la que se logra con una dieta baja en grasas, sino también a bajar el apetito y reducir el peso logrado por retención de líquidos.

Además, las dietas bajas en hidratos de carbono ofrecen excelentes resultados en la eliminación de grasas alrededor de los órganos abdominales y el hígado.

Así, evitando los carbohidratos refinados que incluyen el pan blanco y las pastas ya podrán comenzar a sentirse los resultados.

Agregar fibra viscosa. La fibra viscosa presente en algunos alimentos vegetales enlaza al agua para formar un gel que se asienta por un tiempo en el aparato digestivo.

Mediante este mecanismo, la fibra hace más lenta la digestión y absorción, reduciendo el apetito y produciendo una sensación de saciedad prolongada.

La mejor forma de agregar fibras a la dieta es elevando el consumo de frutas y verduras. Otras buenas fuentes son las legumbres y la avena.

Mucho ejercicio. Finalmente, no hay que descuidar el aporte del ejercicio físico. Además de ser muy efectivo para reducir la grasa abdominal, también trae una larga lista de aportes a una buena salud.

Pero hay que remarcar que, en este punto, de nada sirven los ejercicios abdominales. Son muchísimos más efectivos los ejercicios aeróbicos, como caminar, correr, andar en bicicleta, nadar o tomar clases de aerobics, tae-bo o zumba.

 

 

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