La brutal e ignorada “otra historia” detrás de “Los caníbales de la Patagonia”

Apremios, torturas e intereses oscuros se han ido develando en el tiempo tras uno de los episodios más trágicos de la Patagonia.

Guía de: Patagonia

Los detenidos son amarrados con tientos y cubiertos con cueros para que resistan el frío. Foto Caras y Caretas.

En la fría mañana del 7 de agosto de 1910, aquejado por fuertes dolores y escupiendo sangre, el chileno José Alonso tomó en la cárcel de Choele Choel una decisión que ya no cambiaría su vida, pero sí el resultado del caso conocido como “La matanza de los turcos”. (Podcast del artículo aquí)

La declaración

Alonso, sintiéndose muy enfermo, pidió declarar ante el juez para denunciar que había sido “molido a palos” para que confesara su participación en los horrendos crímenes contra ciudadanos sirio libaneses, causa que lo había llevado a prisión. En la declaración que le tomó el comisario en esa mañana de invierno, afirmaba que estando Alonso en el boliche de Benjamín Piuma, en el paraje Lanza Niyeo -de acuerdo siempre a la transcripción del historiador y periodista Francisco N. Juárez- fue detenido por el agente Juan Cardoso (textual) que lo condujo hasta la localidad El Cuy, quedando entonces a disposición del comisario José María Torino. Interrogado por el comisario, quién “después de despojarlo de una cartera y una cadena, le exigió dijera que (él) había matado a unos turcos, y como se negara a hacerlo le asestó varios golpes de puño y patadas rompiéndole varias costillas de cuyas consecuencias estaba enfermo”.

Recordemos que tras la exitosa investigación y redada policial comandada por el comisario José María Torino, se había procedido a trasladar a los 45 hombres y 8 mujeres detenidos a la ciudad de General Roca, distante a varios días de marcha a caballo. Por lo tanto, si los dichos de Alonso eran ciertos, el hombre había tenido que soportar herido tal travesía y luego el viaje desde General Roca hasta Choele Choel más varios meses de reclusión con las costillas rotas y sin atención médica. José Alonso apenas sobrevivió unas pocas horas a su declaración.

La espera de los detenidos en General Roca. Caras y Caretas.

Geopolítica y política local

Colmada la comisaria de General Roca ante la llegada en aquel enero de 1910 de tantos detenidos, el gobernador Ángel Gallardo dispuso de un local anexo para alojarlos y de refuerzo policial para la ciudad. Ya se habían publicado en la prensa nacional detalles de los casos de antropofagia provocando repulsión, pero al mismo tiempo un manifiesto interés por parte del público en conocer más hechos escabrosos.

En esos días, también se había cometido en General Roca un atraco con asesinato de un ciudadano galés por parte de dos bandoleros norteamericanos que posiblemente habrían huido hacia Chile. Ambos casos, de alta repercusión popular, aumentaban los reclamos por mayor seguridad en la región. Fue entonces que el gobernador se comunicó directamente con el ministro del Interior Marco Avellaneda, interviniendo luego el canciller Victorino de la Plaza en comunicación con su par de Chile.

El descubrimiento de los asesinatos de ciudadanos sirios libaneses, o “turcos” como es el genérico en Argentina, que se venían desarrollando desde hacía varios años, ponía en evidencia la inacción o ineficacia de la policia territorial y amenazaba con escalar en un serio conflicto con los hacendados que requerían desde hacía ya tiempo la creación de una fuerza de caballería especial para controlar la frontera. (Nota del autor: la fuerza Gendarmería Nacional fue creada en 1938, pocos años después). Si bien ya se había descubierto un caso de canibalismo ritual contra un ciudadano sirio libanés, el acusado había sido detenido y condenado creyéndose que era un caso aislado de barbarismo o locura. Sin embargo, la cifra de víctimas estimada por el comisario Torino era de al menos 130 personas, y eso representaba una noticia espectacular para los diarios y un serio problema para las autoridades.

El Diario de Río Negro, en 2005, publicó el facsímil de la nota “reservada” que le enviara el gobernador Gallardo al ministro del Interior, quien la recibiera el 3 de febrero. En ella le informaba pormenores sobre la captura de una banda de unos 90 integrantes que habría estado operando desde 1904, y era capitaneada por el Juez de Paz de Toltén (Chile) Pablo berbrañez o Breañez, secundado por los capitanejos chilenos detenidos. Agrega el minucioso informe, que la banda tenía demás el apoyo de gente de buena posición financiera y comerciantes. La nota mencionaba que los 52 detenidos serían trasladados a la cárcel de Choele Choel y que el territorio carecía de vigilancia efectiva por parte del Estado. Una manera sutil de insistir en la creación del cuerpo de caballería fronteriza.

Nota “reservada” del gobernador Ángel Gallardo al ministro del Interior Marco Avellaneda, (foto tomada del expediente 481 de 1910, AGN). Diario de Río Negro.

Rumores de muerte

En efecto, se procedió a trasladar a los detenidos a la citada cárcel. Cuando arribaron el 18 de febrero de 1910, se presume que por procedimientos y normas en vigencia, los detenidos tendrían que haber sido revisados por el médico del Penal. Una versión indica que el médico Víctor G. Romillo, efectivamente habría constatado la mala salud de los detenidos pero hasta el momento no hemos encontrado el documento oficial que certifique tal tarea y resultados.

En el mes de agosto, seis meses después y en pleno duro invierno patagónico, los rumores sobre muertes de presos se hacían cada vez más fuertes comenzando a incomodar a las autoridades locales. A tal punto, que el entonces director de la cárcel Juan D. Figueroa, convocó de improviso al comisario local y al corresponsal del diario La Prensa. (¿?)

Apremios ilegales

Siendo entonces que el 8 de agosto, el corresponsal de La Prensa envió a la redacción en Buenos Aires un telegrama titulado: “Río Negro – Bárbaros castigos policiales”. En el que expresaba: “Con el médico doctor Faussone, y a petición del director del establecimiento, acabo de visitar la cárcel de penados de esta, a fin de comprobar rumores que circulan de varias defunciones ocurridas entre los procesados traídos del departamento Nueve de Julio por el comisario Torino, al que acusan los detenidos de haberles dado malos tratamientos, golpeándolos en todas formas. Efectivamente, (constatamos que) el procesado José Alonso se encuentra en peligro de muerte a causa de la fractura de tres costillas. Comprobé al mismo tiempo que fallecieron Juan Basillo, Ignacio Piquiteo y Pablo Calcumil”. La Prensa lo publicó al día siguiente y volvió a encenderse el escándalo de “Los caníbales de la Patagonia”.

Dada la enorme repercusión de la noticia, el martes 9 de agosto, al día siguiente, envió otro telegrama titulado: “Río Negro – Crueldades policiales – Detalles horrorosos”, donde aportó más detalles de los padecimientos en los detenidos: “Ayer tarde falleció el procesado José Alonso, cuyo estado grave comuniqué, el cual había prestado declaración ante el comisario local sobre los castigos corporales que había aplicado la policía de El Cuy, como medio de obligarle a declarar”.

Grupo de mujeres acusadas. El comisario Torino ordenó que las mujeres con hijos pequeños o enfermas no fueran trasladadas a General Roca. Entre las que quedaron estaba “Macacha”, la “Machi” que le extraía el corazón a los asesinados.

Agregaba algunos testimonios de “los procesados Pedro Vila, Santiago Faramiño, Ramón Ñancuche y Francisco Antelón, quienes declararon que habían sido atados, estaqueados y golpeados con rebenques, sables y con las culatas de las carabinas, teniendo aún las cicatrices de las equimosis producidas por las cuerdas en los pies y brazos” -señalando que- “Se encuentran enfermos de resultas de esos tratamientos, Manuel Ñancuche y Juan Cuyás. El primero se halla en estado grave de resultas de golpes aplicados con la carabina en el pecho. El segundo dice que ha sido colgado de los pies y las manos durante muchas horas, en la puerta de un corral”.

Los declarantes agregaron que Marcial Avilés había muerto en el camino de El Cuy a General Roca, debido a los golpes infringidos con la culata de una carabina y que fue enterrado a un costado del camino. “…al caer (del caballo) despedía mucha sangre por la boca”. Luego coincidieron en que el juez letrado no les había tomado declaración indagatoria en referencia al hecho. Así fue publicado el 10 de agosto en La Prensa de Buenos Aires.

El doctor Aguirre, juez interviniente, ante los dichos de los declarantes y la verificación de varios hechos, dispuso la realización de autopsia a José Alonso. Fue entonces que el doctor César Tamenson, en presencia de autoridades, vecinos y el corresponsal de La Prensa, realizó el procedimiento forense el día 12 de agosto, comprobando que la golpiza y las fracturas posteriores habían sido causa de la muerte. Esa misma mañana murió Manuel Ñancuche, otro de los apaleados denunciantes y unos días después, el 22 de agosto, se anunció que agonizaba Eliseo Marilán.

La llamativa participación de La Prensa

El diario La Prensa fue fundado en 1869 por el general José Camilo Paz. Representaba las ideas aristocráticas en la sociedad argentina y fue uno de los diarios más importantes de la época. Su tirada de 125 mil ejemplares diarios llegaba incluso a los Estados Unidos. Su línea editorial apoyó decididamente la campaña militar del General Roca y solía expresar las posiciones políticas de los grandes hacendados y terratenientes.

Por lo que resulta muy llamativo -opinión del autor- su interés y despliegue en una causa que involucraba a “turcos”, policías, delincuentes y personajes marginales. Es cierto, que luego de los festejos por el Centenario de la República, en mayo de 1910, no había grandes novedades y una noticia tan truculenta como los casos de canibalismo que venimos desarrollando en Guioteca ayudaba a vender ejemplares. Pero la activa participación de su corresponsal en Río Negro en todo el proceso por apremios ilegales que terminó con el comisario José Torino y sus oficiales en prisión, fortalece la teoría que Torino habría trastocado con su investigación intereses económicos muy poderosos dedicados al robo y comercio ilegal con Chile. Intereses que le cobraron caro su “error” de “arrancar” confesiones mediante violentos apremios físicos, poniéndole en prisión. Prácticas que, esto debe ser mencionado lamentablemente, eran de uso corriente en la época y que a nadie inquietaban. El 22 de agosto de 1910, el comisario José Torino quedó detenido y sumariado por el comisario Héctor Moffat.

Con una pequeña ayuda de mis amigos

Según describe el historiador y periodista Francisco N. Juárez, José María Torino tenía entonces 38 años, era casado y domiciliado en General Roca. Fue finalmente condenado bajo el cargo de “abuso de autoridad” junto a varios de los policías que lo acompañaron y otros fueron absueltos al no existir plena prueba de los delitos imputados. El juez habría desechado los cargo por “lesiones graves”, a pesar de los muertos, por lo que los policías pasaron solo cuatro años presos. Ninguno volvió a la institución.

La geografía de la región, hoy. Población Mencue, muy cerca de El Cuy. Foto Fernando Domínguez.

Inmediaciones del Cerro Policía, muestra la geografía actual de la región. Por allí viajaban y comerciaban los “mercachifles” que fueron asesinados. Omar Barrera.

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