El perfil de un criminal: Así es la mente del asesino

¿Asesino organizado o desorganizado? ¿Un psicópata o un psicótico? Todas estas preguntas se responden a través de una perfilación criminal.

Guía de: Psicología y Tendencias

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La historia formal de la Psicología ligada al crimen tiene sus inicios en la sociedad londinense de finales de 1880. Fue en ese entonces cuando el mundo se enfrenta al primer asesino en serie de la época moderna: Jack el Destripador. Tras sus crímenes es que se conjetura la primera perfilación criminal de la historia que, según expertos, versaba así:

El asesino en su apariencia externa es muy probable que sea de aspecto inofensivo. Un hombre de mediana edad, bien arreglado y de aire respetable. Puede tener el hábito de llevar capa o abrigo porque, sino, la sangre de sus manos y ropas hubiera llamado la atención a los viandantes

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Más allá de si logró o no ser acertada, este supuesto “perfil” del asesino inauguró una nueva vía para la investigación policial que se denominó: La perfilación criminal.

Según investigadores en el área, dicha técnica consistiría en elaborar un bosquejo físico y psicológico, lo más aproximado posible, de la persona a la que se está buscando por un determinado delito. Es decir, “un mapa de la mente del asesino”. Con ello, el objetivo fundamental sería poder entender y predecir el siguiente paso del criminal; para poder adelantársele.

La anterior es una técnica que funciona sobre todo en crímenes por asesinato y, con mayor efectividad, en casos de asesinos en serie (o ladrones en serie o violadores habituales). ¿Por qué? Pues porque el asesino en serie delinque de manera repetida y sistemática (siguiendo un “modus operandi”); por lo cual, se hace más sencilla y útil la elaboración de este perfil criminal.

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¿Y en qué consiste este “modus operandi”? Pues se refiere al conjunto de acciones realizadas por un asesino de forma más o menos repetitiva para lograr su objetivo de matar y escapar. Con el tiempo, se ha demostrado que éste se puede ir modificando en función de las circunstancias o el refinamiento que haga el criminal de su “técnica”. El matar de manera sucesiva, le permite al asesino descubrir una y otra vez nuevos detalles de su modo de actuar. Por ejemplo, cómo exponerse menos, cómo ocultar mejor el cadáver, etc.

Lo anterior, debe considerarse para los casos de asesinos organizados. Existe una distinción elaborada por dos agentes del FBI (Douglas y Hazelwood) que diferencia entre tres tipos de asesinos:

  1. Asesino organizado: Corresponde al perfil clásico del psicópata; es decir, no sienten lo que hacen (lástima, compasión, remordimiento) pero actúan conscientemente, saben que sus actos son condenables y que tienen consecuencias. Saben ser simpáticos y gustan de tener buena presencia. Suelen “pulir” sus crímenes.
  2. Asesino desorganizado: Corresponde al perfil del psicótico; es decir, actúan inconscientemente, tienen un nivel de inteligencia bajo y suelen aislarse socialmente. No suelen relacionarse con sus cercanos, son torpes y viven en permanente dejadez y descuido; por ende, rara vez mejoran sus ataques.
  3. Asesino mixto: Mezcla ambos procederes.

Estas son algunas de las claves básicas para comenzar a elaborar un perfil criminal. Más adelante se agregan el análisis de las “cuatro fases del crimen”, de la escena misma, de la “firma del asesino”, de las víctimas, de los resultados de la autopsia, de la caligrafía del criminal, etc.

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