Las etapas del desamor luego de una ruptura de pareja: ¿Cómo entender lo que nos sucede?

El tiempo de duración de este proceso depende de cuánto se estuvo en pareja.

Guía de: Psicología y Tendencias

¿Comenzaste el nuevo año 2020 soltero/a? Si es así, es probable que hayas tenido que vivir las fiestas de fin de año con la tristeza y melancolía de la reciente ruptura y todo lo que ello conlleva.

Si crees que eres la única persona que ha sentido ese vacío en el pecho y que ha perdido las ganas de salir con sus amigos y de disfrutar las cosas que solía hacer, pues estás en un error.

También si crees que esto no pasará jamás o que tu vida no tiene sentido sin esa persona, lo que estás sintiendo es un proceso psicológico y debes darte el tiempo de vivirlo.

Cuando terminamos una relación de pareja, lo que viene después es un proceso de despedida, una especie de duelo que es parte de la vivencia terapéutica necesaria para sanar. Es similar a cuando te quiebras un hueso y debes sentir el dolor de la recuperación y dar tiempo a tu hueso para que cure.

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Sin duda hay factores que pueden acrecentar el dolor, no es lo mismo si tú decidiste dar un final a la relación o si es de mutuo acuerdo a si fue algo unilateral que provino del otro, más si aún sigues esperando a que vuelva.

Y si bien cada persona lo vive de manera distinta, hay una serie de etapas que explican el desamor y lo que vas sintiendo durante el proceso.

Etapas del desamor

El psicólogo de la Universidad de Buenos Aires, Juan Armando Corbin, plantea que son cinco y que el tiempo de duración de este proceso depende de cuánto se estuvo en pareja y las experiencias de ruptura en las relaciones anteriores de cada persona.

La primera etapa o fase de acuerdo al autor es el aislamiento, este es el momento en que nos golpea el impacto psicólogico. No importa si la relación venía con dificultades o no, este quiebre pone en evidencia la despedida de uno de nuestros principales vínculos afectivos. La complicidad, la confianza y el apoyo que se entrega en la intimidad de una pareja implica que sea uno de los pilares en nuestra vida.

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Por esto, durante esta primera etapa, se comienza a extrañar todos los aspectos buenos del pasado con una mezcla de rabia y desesperación hacia quien se fue. Intenta ser lo más objetivo u objetiva posible en este ámbito, esto te hará asimilar mejor todo lo que está pasando.

A esto le sigue la fase de ira, es donde culpamos al otro de absolutamente todo lo que salió mal en la relación, en especial por habernos dejado. También puede ocurrir que estemos más irritables con el mundo y personas cercanas debido a que esta furia se propaga por otros aspectos de nuestra vida.

Para algunas personas, también es motivo de rabia y sufrimiento ver que el otro ya está feliz o así pareciera por sus redes sociales o lo que les cuentan conocidos. Saber este tipo de cosas solo nos torturará más y alimentará más fantasías que idealizarán la vida del otro. No podemos saber a ciencia cierta qué ocurre en su mente ni en su estado anímico, cada vez que quieras saber detalles de qué ha estado haciendo o de cómo esta, recuerda: para salir de esto debes centrarte en ti.

La tercera fase es la negociación, esta etapa puede traernos problemas si no la gestionamos bien. En nuestro intento por conseguir que nuestra ex pareja vuelva podemos realizar acciones desde: ceder en cosas que jamás habríamos accedido o echarnos la culpa de situaciones que en realidad recordamos de manera distinta e, incluso, comenzar a llamarle o rogarle a través de mensajes de texto.

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Recuerda que un mal acercamiento puede quebrar aún más la relación o dejarnos a nosotros mismos sintiéndonos peor, porque realizamos acciones que iban en contra de nuestra autoestima y valía personal.

La fase siguiente y a veces la más larga es el ánimo depresivo. En esta etapa comenzamos a perder la esperanza a poder retomar la relación. Por lo que comenzamos a estar apenados ante lo que significa la pérdida de esa persona en nuestras vidas.

Como ya ha pasado tiempo, comenzamos a notar su ausencia en la cotidianidad, en las cosas que solíamos hacer juntos o los amigos con los que compartíamos. Empezamos a reorganizarnos de manera solitaria, al menos en este aspecto de nuestras vidas.

Es común que nos ocurra algo en el trabajo o con una amiga y pensemos que es a la primera persona que queremos contárselo. Buscar su número para llamarla/o no es una buena idea.

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Finalmente, llegamos a la fase de aceptación. Luego de la tristeza, comenzamos a volver a tener ánimo para salir con nuestros amigos o hacer las cosas que disfrutábamos antes del quiebre. En esta etapa se logra vislumbrar el futuro y se tienen ganas porque contamos con la paz interior que habíamos perdido.

Como hemos descrito arriba, el quiebre de pareja es un proceso, está claro que hay sensaciones y dolores que son difíciles de asimilar, pero ten por seguro que este malestar no durará toda la vida.

Si sientes que realmente no puedes manejar los sentimientos de tristeza y dolor a pesar de que pasa el tiempo y que te encuentras en una situación de riesgo, debes plantearte la posibilidad de consultar a un especialista.

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