¿Cómo aprender a creer en tus sueños?: Conozca algunos consejos útiles

El primer paso para creer en nuestros sueños es creer en nosotros mismos, abriendo nuestro corazón y creyendo que merecemos lo mejor en nosotros.

Guía de: Espiritualidad

Cuando somos niños, nuestra vida transcurre lenta y gentilmente. Nuestros tempranos días se constituyen en momentos mágicos y eternos, en donde todo es brillante y alegre y exploramos la vida como una aventura, viviendo el momento con dicha y asombro.

A medida que crecemos, vamos adquiriendo diversos patrones de pensamiento que van moldeando nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestras emociones. Llega un punto en el que la burbuja de calma se rompe y experimentamos vivencias no tan gratas, que van de algún modo opacando esa percepción tan prístina y sencilla de nuestra realidad personal y circundante.

A veces, este aprendizaje es duro y es así como vamos creciendo mediante lecciones de dolor, sufrimiento y arduo esfuerzo para salir a flote y seguir adelante.

Creer en los sueños

Foto: Internet

En nuestra vida de adultos, adquirimos el hábito de que la vida es difícil y que lograr un estilo de vida confortable y acorde a nuestros deseos requiere de mucho trabajo, sudor y lágrimas. Si bien es cierto que éste es un camino tremendamente valorable, y que muchos de nosotros lo hemos puesto en práctica, es importante concentrarnos en lo siguiente: Más allá de todo esto que vemos día a día, tan concreto y visible, existe un mundo y un espacio interior que va dando forma a lo que vemos con nuestros ojos externos.

Prestar atención a lo que nuestro corazón desea al final del día o en momentos de mayor introspección es lo que da un verdadero sentido a nuestros pasos. A veces, sentimos que esos sueños o deseos son tremendamente lejanos y diametralmente opuestos a lo que estamos haciendo en este momento. Nuestro intelecto, a su vez, juega bien su rol, dándonos a entender las mil y una razones por las cuales ese sueño y deseo -que es genuino, bello y está asociado con la felicidad de otras personas además de la nuestra- puede solamente subsistir en capas profundas de nuestro ser y no es posible de manifestar.

En este punto, es fundamental darnos cuenta de lo siguiente: Nosotros somos lo que pensamos en gran medida, y aquello en lo que ponemos nuestra atención, crece con más fuerza. Es así como, en esta realidad tan materialista y tangible, existen personas que han decidido ir más allá, confiando plenamente en sus capacidades y enfocándose en aquello que les brinda real entusiasmo hacer. Muchos podrían pensar: “Pues bien, entonces de qué vivo? Yo no puedo comer de mis sueños”. En una primera lectura, podríamos decir que no, pero hay algo muy importante que recordar: Desarrollar nuestro espacio de dicha y nuestra capacidad de asombro, esa que teníamos cuando éramos niños, es la clave principal para ir desplegando nuestra energía hacia una dirección más elevada.

Si vamos disfrutando y aprovechando el día a día, concentrándonos en la alegría y en todas aquellas cosas que nos generan mayor entusiasmo, iremos descubriendo que nuevas ventanas y caminos se van presentando ante nosotros, como nuevas opciones de complemento a nuestra vida actual. No se trata de cambiar radicalmente quienes somos, sino de saber que las vidas más prósperas y las personas más felices son aquellas que cultivan las semillas de la alegría dondequiera que vayan, y que se enfocan en el ser por sobre el hacer.

El primer paso para creer en nuestros sueños es, por tanto, creer en nosotros mismos y atrevernos a despegar los pies del asfalto, abriendo nuestro corazón y creyendo, con certeza, que merecemos lo mejor en nosotros. Ésta es, probablemente, la labor más amorosa y responsable que podemos hacer por nosotros mismos. Cuán lejos queramos llegar en este sendero, es una opción que reside, siempre, en nuestro interior, donde el miedo no es suficiente para hacernos retroceder y en donde siempre podemos volver a empezar.

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