¿Cómo recobrar nuestra verdadera belleza?
Guía de: Espiritualidad
- Felipe Cortés
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Cuando comencé a escribir las primeras palabras de este artículo, me dije a mi mismo: “No, no puedo hablar de esto. Es un tema de mujeres que debe ser escrito por mujeres”. Luego de dejar mi computador de lado y pensar por unos momentos, reflexioné de vuelta y vinieron a mi cabeza algunos recuerdos de mi adolescencia en los cuales, inspirado y con cuaderno en mano, solía plasmar mis impresiones acerca de la superficialidad del mundo que me rodeaba y el valor de la belleza externa como marca de éxito y aprobación hacia las personas.
En ese entonces, éste era un tema sumamente irritante y difícil de entender para mi. Recuerdo cómo solía ser testigo de diversas situaciones en las cuales se optaba por brindar una mayor validación en términos de opinión, aceptación y oportunidades a aquella persona que era físicamente más atractiva y popular -y dotada de altas dosis de ego- por sobre la que quizás no era tan agraciada como la primera, pero contaba con ideas brillantes, cosas importantes que decir y mayor generosidad en su actuar, quedando, pese a ello, anulada o bien relegada a un silencioso tercer o cuarto plano.

En general, la percepción de la belleza tiene una connotación meramente física, juvenil y subjetiva.
Pese a que mi percepción de ese entonces tenía una dimensión bastante pueril y, por lo demás, prejuiciosa, hubo una lección sumamente importante que logré aprender de ello y que puedo resumir en mi siguiente frase : “No esperes que el resto descubra tu verdadera belleza; hazlo tú, y despliégala desde tu interior”.
La búsqueda de la externalidad y el valor de ésta en nuestra sociedad se manifiesta en todos los ámbitos y de ello somos responsables todos; responsables por estar buscando toda la fuente de seguridad, amor y aceptación en el afuera y en las más diversas cosas, restándole importancia a nuestro propio cuidado interior para el fortalecimiento de nuestra autoconfianza, nuestra autoestima y nuestra propia valoración como personas. Y si bien es cierto, somos seres sociales y a menudo se dan circunstancias que pueden no parecer justas o equitativas para nosotros, es finalmente nuestra tarea movernos de ese lugar y dirigirnos nuevamente hacia adentro en búsqueda de nuestro genuino espacio de belleza y perfección.
En general, la percepción de la belleza tiene una connotación meramente física, juvenil y subjetiva y, por tanto, no debiese siquiera preocuparnos mayormente. En tiempos en los que se nos invita permanentemente a hacer diversos cambios, mi sugerencia es comenzar por un cambio de actitud y sentir que nuestra verdadera carta de presentación ante el mundo no recae precisamente en la sonrisa perfecta o un cuerpo tonificado, sino en nuestra verdadera calidad de personas, integrando diversos aspectos igualmente importantes que podemos descubrir a través de las siguientes preguntas:
• Nuestro estado de salud: ¿Estamos cuidando realmente nuestro cuerpo? Si queremos que luzca mejor, ¿estamos tomando acciones concretas y responsables para ello? ¿Prestamos atención a la importancia de cultivar nuestra salud interior? La mente y el cuerpo son una unidad, y por tanto, la belleza también es contar con un buen estado de salud.
• Nuestra autopercepción: ¿Tenemos claridad sobre lo que nos gusta de nosotros mismos? ¿Somos agradecidos por ello? Prestar atención a nuestras propias fortalezas y recurrir a ellas con regularidad nos hace más vibrantes y eso es belleza que se irradia hacia nuestro entorno.
• Nuestra generosidad: ¿Ponemos nuestros dones y talentos al servicio de las personas? ¿Somos generosos con los demás tal como lo quisiéramos para nosotros mismos?
Éstas y tantas otras reflexiones pueden ir surgiendo y sumarse a esta primera y personal aproximación. Mi intención con ello es contribuir, de forma sencilla y desde mi experiencia personal, a prestar atención a todos aquellos aspectos que, por lo general, son dejados de lado y que conforman, ciertamente, nuestra fuente principal y duradera de belleza. Una tarea constante que, como siempre recalco, está en nuestras manos.
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