Aprender a cultivar el bienestar en tiempos de incertidumbre por la pandemia

El escenario cambiante e imprevisible ha dado lugar a una crisis existencial para muchas personas a nivel global.

Guía de: Espiritualidad

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La pandemia de la COVID-19 sin duda ha cambiado, en gran medida, nuestra forma de vida tanto en la esfera personal y familiar como en la laboral y social. Nos hemos visto obligados a readaptar rutinas y suprimir otras, generando dificultades de adaptación gatilladas por el distanciamiento físico, la superposición del teletrabajo y la vida en familia, intentando mantener el balance sin mucho éxito.

Por otra parte, durante todos estos meses es esperable haber padecido -o seguir padeciendo- cuadros de estrés y ansiedad, con predominancia de emociones displacenteras tales como el miedo, la angustia y la tristeza, y en casos de trastornos de salud mental ya presentes, generando su reagudización.

La incertidumbre permanente y la falta de control provocadas por la pandemia en un escenario cambiante e imprevisible han dado lugar a una crisis existencial para muchas personas a nivel global. Al respecto, la Organización Panamericana de Salud (OPS) advirtió de una “crisis de salud mental” inédita en el continente americano a raíz del aislamiento por la pandemia, y en noviembre alertó que sus efectos probablemente persistan una vez el virus sea controlado.

Es por ello que nos podemos encontrar sumidos en una suerte de “acostumbramiento” a las circunstancias actuales, lo cual no es necesariamente un aspecto positivo, puesto que  podría relacionarse con una actitud de desesperanza aprendida y a una sensación de que las circunstancias no van a cambiar, generando una letargia física y mental para hacer frente a las tareas cotidianas.

Aprendiendo a vivir:

 Este cambio de paradigma en nuestra vida nos invita a tomar diversas acciones relacionadas con la detección y manejo de aquellos aspectos que siguen estando bajo nuestro control:

  1. Autocuidado: Mantengamos rutinas de descanso, sueño por unas 6 a 8 horas (aunque sea interrumpido), bebamos más agua y favorezcamos las elecciones saludables en al momento de alimentarnos. Si no queremos hacer ejercicio, hacer tareas de casa ya suponen un gasto energético, por lo cual procuremos movernos diariamente.
  2. Expresión de las emociones: Nuestra salud mental comienza por procurar tener un bienestar interior. Gran parte de ello radica en expresar con sinceridad nuestras emociones, ya que liberarlas nos alivia de una gran carga y nos permite tomar acciones.
  3. Socialización: La distancia física no implica distancia social. Por ello, comuniquémonos con frecuencia, ya sea por teléfono o videollamada, con nuestros seres queridos, tal como si lo hiciésemos en caso de vivir en otro país.
  4. Desconexión: Procuremos desconectarnos de exceso de noticias y de tecnología. Una forma sumamente común de evadirnos de nosotros mismos es estando en el smartphone constantemente, incrementando con ello nuestra ansiedad. Por ello, hagamos lo contrario, de forma gentil y sistemática, recambiando esos tiempos por otros que puedan ser más productivos.
  5. Reconexión:  Démonos la oportunidad de retomar nuestros hobbies en la medida de lo posible: Si nos gusta leer, hacer manualidades, escribir o seguir alguna disciplina relacionada con nuestro bienestar es de muchísima ayuda para crear nuestro espacio de reconexión. Al comienzo es muy posible que exista una resistencia, pero una vez comencemos veremos que de forma natural se desplegará un nuevo y positivo hábito.

 

A nivel de comunidad global, aprender a vivir en tiempos de pandemia implica mantener las medidas preventivas para mantener baja la transmisión comunitaria del virus, a la vez el proteger y apoyar a los grupos vulnerables -tales como niños y adultos mayores- incrementando nuestra responsabilidad social, en momentos en los que además tenemos la opción de recibir inmunización.

En general, como sociedad, tenemos que aprender a convivir con la incertidumbre de un mundo que seguirá estando en permanente cambio. Por ello, necesitamos tener un enfoque de flexibilidad y resiliencia, el cual es clave para una adaptación más amable con lo que sucede en nuestro entorno. Un punto importante dentro de este proceso radica en no intentar tener la certeza de cuándo va a terminar la pandemia. Sin importar si culminará en uno, dos o más años, seguiremos experimentando en el futuro diversas situaciones -tanto a nivel sanitario como medioambiental, político y/o social- que nos traerán de vuelta a un mismo punto, sintiendo las mismas emociones y vivenciando experiencias similares. Una gran lección subyacente es la de atender aquellos aspectos que sí podemos manejar y que son transversales: Nuestra salud mental como prioridad, el valor de la familia, de las cosas simples y la apreciación de lo bueno que ya tenemos. Como agentes de cambio, nuestro trabajo inicial consiste en aprender a cultivar nuestra calma y fortaleza, enfocándonos en nuestra evolución personal y colectiva.

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