Aprender a ser amables con nosotros mismos: ¿Cómo conseguirlo?

Muchas veces esa amabilidad se devuelve y repercute a nivel social, emocional y físico.

Guía de: Espiritualidad

Cuando hablamos de gentileza y amabilidad, por lo general pensamos en lo externo y en nuestro entorno. El mundo que se nos presenta a diario tiene muchas necesidades: económicas, sociales, de paz y tolerancia frente a las diferencias. Esto es importante, ya que la percepción de nuestra realidad externa es un reflejo para nosotros y una invitación a mirarnos internamente.

La amabilidad y generosidad son valores fundamentales a cultivar en nuestro día a día. Nos permiten tener relaciones más armónicas con nuestros vecinos, con desconocidos y permean todas las esferas de nuestra vida: nuestro trabajo, nuestra vida familiar y afectiva, y por supuesto nuestro fuero interno. Es en este último punto en el cual me quiero detener, ya que un aprendizaje base para una vida más feliz y con mayor salud mental y física es, precisamente, partir por casa. ¿Cómo quieres que el resto sea amable si no comienzas a ser amable contigo? Si ocupas mucho tiempo juzgándote y no viendo ni realzando tus aspectos buenos, ¿por qué pides al resto que lo haga por ti?.

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Ser amables tiene diversos beneficios para nosotros mismos, y ya que la amabilidad y generosidad son contagiosas, muchas veces esa amabilidad se devuelve y repercute a nivel social, emocional y física.

Amarnos incondicionalmente

Si comenzamos por amarnos a nosotros mismos, vamos a encontrarnos con que la fuerza del apego a otras personas se va difuminando.

Nos sentiremos cada vez más completos y felices disfrutando de nuestras tareas cotidianas y sencillas, y ya no estaremos anhelando una “media naranja” que venga a completar y calmar nuestro sufrimiento: nosotros seremos nuestra hermosa naranja completa, que transitará por la vida alegremente y consciente de lo valiosos que somos. Y en ese transitar, se irán presentando personas y circunstancias que complementen esa experiencia.

¿Cómo comenzar a ser más amables con nosotros mismos?

1.- Hagamos un listado de todos aquellos aspectos positivos en nosotros:

Comencemos desde lo que se nos ocurra, escribiendo en una libreta de notas o en nuestro celular. Una sugerencia es comenzar con el siguiente encabezado: “Doy las gracias porque soy”, ponemos dos puntos y hacemos la lista de aquellos aspectos que nos gustan en nosotros: Inteligente, resiliente, alegre, amigable, apoyador, solidario, fuerte (siempre se levanta), buen aprendiz, etc. Seamos tan detallados como podamos y si nos cuesta hacerlo, hagamos un juego con una amiga o amigo de confianza y nos espejamos los que nos gusta del otro.

2.- Hacer una lista de aquello que somos y aquello que tenemos:

La misma lista que hemos hecho es recomendable repetirla pero para aquello que tenemos y que hemos logrado. Esto nos sitúa en un lugar de apreciación por todo lo bueno que está presente en nosotros. Comencemos un nuevo encabezado que diga: “Doy gracias porque tengo”, ponemos dos puntos y enlistamos hacia abajo todo lo que está en nuestra vida y que nos permite sentirnos bien: Una casa, amigos, salud, una carrera, posibilidad de trabajar, personas que nos apoyan, compañeros de trabajo que me hacen reir, áreas verdes cerca de mi casa, etc. Seamos detallistas y hagamos esta lista en un momento tranquilo del día.

3.- Leer nuestra lista y pasar a la acción:

La recomendación es leer ambas listas por la mañana y antes de dormir. Pongamos una alarma en nuestra celular y un recordatorio para que practiquemos este hábito. Con 21 días ya podemos generar un hábito y notaremos que nos volveremos personas más apreciativas y conscientes de lo positivo que nos rodea. Ver el vaso medio lleno y completarlo con nuevas experiencias es la clave.  Luego de ello, preguntarnos: ¿Qué áreas quisiera mejorar en mi vida? Y desde ahí establecer un plan de mejora en aquello que sintamos requiere mayor atención en el momento. Todo es cuestión de enfoque y, sobre todo de amor hacia nosotros mismos y nuestra vida.

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