Cinco pasos para dejar ir la tristeza: ¿Cómo salir de su negatividad?

Para fluir con la tristeza prolongada, presentamos algunas estrategias que han resistido la prueba del tiempo.

Guía de: Espiritualidad

Las caídas y momentos poco gratos son una parte natural de la vida. El hecho mismo de que existan, significa que estamos vivos y que la variedad de experiencias que nos rodean es muy diversa. Al respecto, está comprobado que los sentimientos de tristeza tienen sus beneficios, ya que nos ayudan a cambiar nuestra perspectiva de la vida, aprender de las experiencias y adoptar una comprensión más profunda de nuestro lugar en el mundo.

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Sin embargo, algunas veces estas caídas pueden persistir más allá de lo esperado. Comenzamos a vernos a nosotros mismos como no merecedores y no “suficientes”, viendo a las otras personas como mejores que nosotros, y al mundo como un lugar gris y poco amable, retroalimentando una espiral descendente de vergüenza, insuficiencia y baja autoestima.

Para distanciarnos de la negatividad que rodea a la tristeza prolongada y construir los recursos internos que nos permiten crecer ante los desafíos de la vida, presentamos algunas estrategias validadas de forma científica que han resistido la prueba del tiempo:

Aumenta la gratitud:

La gratitud es una fortaleza que se construye fácilmente y es sumamente eficaz para aumentar la felicidad. Lleva contigo un diario de la gratitud o escribe acerca de 3 cosas buenas que hayan sucedido en tu día, y estarás bien encaminado para contrarrestar la mentalidad de pesimismo que caracteriza a la tristeza.

Entrena tu mente:

Cuando vivimos rodeados de mucha negatividad  podemos mantenernos atrapados en los errores del pasado y en las oportunidades perdidas. Para empezar a vivir en el presente y abrirnos al mundo que nos rodea, necesitamos recuperar el control de nuestras mentes. Sostener una señal mental de “alto” o visualizarte arrancando un pensamiento negativo como una mala hierba te ayudará a dirigir tu atención hacia lo que es positivo y productivo.

Observa tu estado de ánimo:

Cuando estamos decaídos, dejamos de hacer las cosas que nos hacían felices y así perpetuamos la tristeza. Una manera de salir de esto es anotar todos tus “momentos felices”, como los paseos que antes disfrutabas, las noches con tus amigos o las tardes tranquilas que pasabas haciendo un proyecto. Reconstruirlos intencionalmente en tu vida permite que tus comportamientos tengan un impacto en tus sentimientos, en lugar de esperar a que suceda al revés.

Valora lo que vales:

Apreciar quiénes somos, los valores que defendemos y las fortalezas y pasiones que nos definen, es fundamental para tener un sentido de vida. Tómate un tiempo para reflexionar sobre la mejor versión de ti mismo, y sobre el legado que te gustaría dejar atrás, y luego da pasos pequeños pero significativos para lograrlo.

Conéctate con los demás:

Como la especie más social del planeta, estamos programados para conectarnos con los demás para sentirnos seguros, tranquilos, protegidos, y también para sentirnos felices. Por ello, haz una lista de todas las personas que son tus fuentes de apoyo y acércate a ellas.

Ten proyectos con sentido:

Existe la necesidad dentro de todos nosotros de pertenecer a algo más grande que nosotros mismos. Por ello,  adopta el “ecosistema” de un propósito más amplio, ya sea ofreciéndote como voluntario en algún movimiento  o colaborando para una asociación civil local o en una residencia para personas de la tercera edad.

Es verdad que no funcionamos bien cuando estamos envueltos en nuestra tristeza. Pero también es cierto que necesitamos ver valor en ello—o bien ceder al impulso de huir de esto y, por lo tanto, de nosotros mismos.

La vida es crecimiento, y el crecimiento se produce en momentos de reflexión silenciosa. Porque es entonces cuando nos conectamos con lo que realmente somos, reflexionamos sobre el significado de la vida y volvemos a encontrar nuestro lugar.

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