¿Cómo aprender a lidiar con la soledad? Tres consejos esenciales

Lidiar con nuestra soledad implica hacernos cargo de nuestra condición de seres individuales, conocernos y querernos profundamente para enfrentar al mundo de mejor manera.

Guía de: Espiritualidad

La soledad es como un vórtice de energía que subyace a numerosas capas que mantenemos en nuestro diario vivir. Podemos estar rodeados de gente, con una pareja y en un lugar externamente estable y feliz, pero aún así sentirnos profundamente solos e incomprendidos.

Cuando nos enfrentamos a esta realidad interior, tenemos dos caminos a explorar: Dejar que ese sentimiento permanezca y crezca sin sentido dentro de nosotros, o bien abrazarlo, comprenderlo y elevarlo. La segunda opción conlleva un sendero sumamente fructífero para nuestro crecimiento personal y para la comprensión del valor de la soledad en nuestra vida.

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Cuando hemos pasado mucho tiempo desatendiéndonos a nosotros mismos, viviendo en función de lo que los demás quieren o esperan de nosotros, hay momentos en nuestro fuero interno en los cuales nuestra sonrisa habitual se esfuma y nos encontramos con un yo diferente, más real, crudo y confundido. Nos damos cuenta que nos hemos dedicado más al “hacer” que al ser, y que es momento de volver a nuestro centro.

Ahora bien: Cómo aprender a lidiar con la soledad y hacerla nuestra aliada? A continuación, algunos consejos para ello:

  1. La soledad como autoconocimiento: Destinar momentos para estar con nosotros mismos y asumir nuestra soledad basal nos permite ver todos aquellos rincones que necesitan de nuestra atención, desde el redescubrimiento de nuestras pasiones, nuestros anhelos y la fuente principal de nuestra alegría.
  2. La soledad para crecer: Darnos cuenta que nuestra mejor compañía somos, en última instancia, nosotros mismos, nos permite desarrollar un espacio de mayor confianza y compañía permanente. Siempre podemos confiar en nosotros.
  3. La soledad para amarnos realmente: Si logramos abrazar nuestras zonas oscuras, podemos encontrar un lugar de amor verdadero y perdurable. Al amarnos a nosotros mismos, podemos amar plenamente a los demás.

Lidiar con nuestra soledad no implica aislarnos del mundo. Es, simplemente, hacernos cargo de nuestra condición de seres individuales, conocernos y querernos profundamente para enfrentar al mundo de mejor manera.

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