¿Cómo hacerle frente a los ladrones de energía?

La respuesta está en nosotros mismo, y la solución puede pasar por cambiar hábitos.

Guía de: Espiritualidad

Cada vez que nos sentimos vigorosos y fuertes, no hay nada que nos detenga, sin importar las sorpresas y vaivenes que nos depare el día. Sin embargo, si nuestra energía es baja, la motivación se convierte en algo lejano y nuestra jornada diaria puede convertirse en un auténtico suplicio. La respuesta está en nosotros mismos, y la solución, en muchas ocasiones, pasa por cambiar nuestros hábitos.

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A veces no tenemos la energía suficiente para cumplir nuestros objetivos y ni siquiera conocemos el motivo.  En términos generales, nuestra energía diaria depende de dos variables: lo que nos energiza versus aquello que nos desgasta.  Habitualmente concentramos nuestra atención en recuperar fuerzas cuidando nuestra alimentación o realizando deporte, pero pero por lo general nos concentramos más fácilmente en lo que nos desgasta. Veámoslo a continuación:

Desgaste físico. Es la sensación de que el cuerpo no nos responde como quisiéramos. No depende de la edad que tengamos ni de nuestra salud, sino de cómo nos mantenemos. Los ladrones de energía física se esconden en la comida chatarra; en las largas horas delante de los dispositivos electrónicos, que después nos impiden dormir; y en la vida sedentaria. Muchas veces el desgaste físico también está asociado al deterioro emocional. Lo hace, por ejemplo, cuando pasamos una época difícil y nos tranquilizamos comiendo compulsivamente frente al televisor. Independientemente del origen, vale la pena preguntarnos si tenemos algún ladrón escondido en nuestros hábitos físicos.

Desgaste emocional: En este estado, se concentran sensaciones pegajosas como el miedo, la desconfianza, la falta de humor o la existencia de personas a nuestro alrededor que nos agotan. Debemos prestar atención a lo que nos ocurre y en qué momento nos sucede. Nos puede pasar en compañía de viejos amigos que no se alegran de que nos vaya bien en nuestras cosas o con compañeros de trabajo entre los que reina la envidia. Tomar conciencia nos sirve para poner una distancia prudencial, si podemos, o para comenzar a contemplar estas conversaciones de un modo más amable.

Desgaste mental. En este apartado se encuentran los pensamientos que nos alejan de alcanzar nuestros objetivos. Los pensamientos obsesivos, la queja, la búsqueda de culpables y las conversaciones o noticias que nos dejan en peores circunstancias de las que partíamos pueden ser consideradas como ladrones de energía mental. Una vez más, la toma de conciencia ofrece las claves necesarias para adoptar medidas que nos ayuden a evitarlo.

Desgaste de propósito. Este desgaste es, posiblemente, el más silencioso de todos y el que más merma nuestra energía. Nace cuando creemos que nos falta un proyecto vital, no nos sentimos realizados o nuestra vida carece de sentido. Los propósitos no tienen por qué ser tan grandiosos como transformar el mundo. Pueden ser más modestos: basta con cambiar mi mundo, mi realidad. Lógicamente, cuando uno no encuentra esa fuerza, el ladrón aparece en forma de confusión, y la mejor manera para reducirlo es la creación de un propósito. Entonces, debemos preguntarnos cómo queremos ser recordados y qué tipo de decisiones vamos a poner en marcha.

Para hacer frente a los llamados “ladrones de energía“, es muy importante identificar lo que queremos conseguir: Si una agenda más relajada, un nuevo trabajo o mayor tiempo en familia. Una vez que sepamos lo que buscamos, tenemos que preguntarnos si existen ladrones de energía en nuestra vida y cómo nos influyen. Después, hay que definir un plan de acción para neutralizarlos. Siempre se puede lograr.

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