Inicio » Espiritualidad » Equipo

¿Cómo realizar una escucha consciente en nuestra ciudad?

Las ciudades y entornos tienen un sonido permanente. La invitación es a apropiarnos y disfrutar de nuestro entorno sónico
  • Virginia Farfán Ulloa, Profesora de Filosofía y Terapeuta transpersonal, aporte para Espiritualidad
  • |
  • Ver más de espiritualidad

escucha consciente-560

He hablado anteriormente de la escucha consciente, de escucharnos internamente y de cómo podemos aprender a escuchar a otros con atención, aplicando la empatía. Pero las voces humanas son sólo parte de lo que podemos apreciar a través del oído, las ciudades tienen un sonido permanente, un rumor constante que se debilita por las noches, que en ocasiones somos capaces de captar, cuando un sonido inesperado se separa del rumor y nos coloca en estado de alerta. Para muchos, acostumbrados a estar siempre en un ambiente acústico, cuando se presenta el silencio, nos descoloca, nos resulta incómodo, es el vacío.

Estando recién en Lima, experimenté con una “caminata sonora”, ejercicio que me permitió registrar y aprehender la acústica del espacio que recorría, como sugiere la ecóloga de sonido H. Westerkamp, deteniéndome intencionalmente para disfrutar las distintas sonoridades que describí así:

“Domingo, 9.30 de la mañana, al salir del edificio percibo la vida fluyendo, los autos pasan emitiendo su ronroneo típico, de vez en cuando el sonido de una bocina y las voces humanas quiebran el murmullo constante de fondo, que asimilo a un colmenar El primer destino es buscar un café, pero el carro de café no se encuentra en el lugar de siempre, voy con compañía, en la esquina, frente al semáforo, un carrito de emolientes calientes es la parada, pido un vaso saborizado con dos mixturas.  Observo como lo prepara la muchacha, uniformada con delantal blanco, escucho el rumor metálico del abrir y cerrar de las tapas de ollas, sostiene en su mano el cucharón que se sumerge primero en uno y luego en otro caldo para salir rebosante y vaciar su contenido en el vaso, luego lo trasvasija de un vaso a otro vaso una y otra vez, el líquido cae suavemente, parece estar jugando como una alquimista a lograr la mezcla perfecta de sabores y la mejor temperatura, logrado el efecto, estira su brazo y me lo entrega, lo recibo y aspiro el perfume que emana para aprobar el sabor con un lento sorbo.  Mientras continuamos caminando despacio, me voy empapando de sonidos lejanos como el rumor de olas constante que acompañan en forma permanente los cerros de Barranco. Cruzamos una gran avenida y enfilamos por una calle con un bandejón central lleno de árboles, unos coloridos crotos en el frontis de un edificio me invitan a tomar una foto y me detengo, al instante un sonido suave e inesperado me llama la atención, al cerrar los ojos escucho el canto de las palomas escondidas en sus ramas, tal como solía escucharlas en los techos de Antofagasta o en Santiago, y me parece que estas, tienen un ulular diferente, más cariñoso, más suave, algunas se hacen visibles y posadas en el piso veo que su color también es distinto Su canto se mezcla con otros más agudos y breves, son los pequeños mirlos respondiéndose entre sí Le pido a mi hijo que grabe el sonido de la calle y de los pájaros mientras nos mantenemos en silencio, atentos a capturar lo que nos dice ese rincón de la ciudad en el momento. El raspar de las bicicletas que ruedan sobre el pavimento calle abajo complementa suavemente la conversación de los pájaros allí arriba Avanzamos después hacia la feria ecológica de Barranco ubicada al costado del parque, donde se instala cada domingo, el oído se abre a la experiencia y escucho las voces de los vendedores, que son además productores, ofreciendo con orgullo su mercancía, sorprenden con sus ofertas y mientras disfrutan mencionando las cualidades de sus coloridos y frescos productos aparecen audibles los diferentes timbres que hacen reconocible las zonas desde donde vienen, así percibo que el timbre de voz de quien viene de la serranía es distinto del timbre costeño.  Las tonalidades también cambian a medida que se avanza por la feria, murmullos de personas que preguntan por los precios y recorren de un lugar a otro en busca de la mejor oferta Casi las 10.00 de la mañana y comienzan a aparecer quienes pasean a sus perros, avanzan caminando en el sendero paralelo a la feria, un poco más arribadonde hay pasto, las voces humanas se mezclan con los ladridos de las mascotas, mientras sus dueños los contienen. Más allá, un padre pasea con un pequeño en brazos y le habla con dulzura paternal.  Comenzamos las compras escogiendo cada producto con miras a un almuerzo especial, al finalizar regresamos desandando las calles, me doy cuenta de que ahora el murmullo es más fuerte. La ciudad ya despertó.”

Te invito a recorrer tu barrio, tu casa y a apropiarte de tu entorno sónico, a disfrutarlo en silencio y vivir una hermosa experiencia solo o acompañado.

Más sobre Espiritualidad

Comentarios Deja tu comentario ↓
Ver Comentarios