¿Cómo romper el hábito del drama en nuestra vida?

El exceso de drama puede llevarnos por una espiral improductiva. Con determinación y enfoque gentil podemos hacer grandes diferencias.

Guía de: Espiritualidad

Todos sabemos, en mayor o menor medida, que agregar un exceso de drama a las situaciones poco gratas que podamos vivir, ya sea en nuestro fuero interno o con otros, puede ser un hábito muy improductivo.

Agregar drama es algo que a menudo aprendemos a temprana edad desde nuestra familia o círculos sociales. Podemos ver esto en nuestro desempeño cotidiano en nuestro trabajo, hogar o en nuestras interacciones sociales con el resto.

Si objetivamente vemos que hay mayoritariamente drama tiñendo nuestra vida, podemos descubrir que esto se trata de un serio generador de estrés, ansiedad, rabia, juicio y culpa. Esto drena nuestra energía y puede ser muy dañino para nuestra propia salud y nuestras relaciones afectivas.

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El exceso de drama puede sobreestimularnos mentalmente, creando una tendencia a la sobrerreacción personal más que a una respuesta consciente. Nuestra mente comienza a andar en círculos y nuestras emociones comienzan a emerger con amenazante intensidad. En todos esos momentos, nuestro sistema nervioso, hormonal e inmunológico están respondiendo al estrés que estamos creando, y nosotros somos los únicos que pagamos el precio.

Debido a que el exceso de drama está condicionado por la emoción, esto pone a nuestro corazón y cerebro fuera de sincronía, inhibiendo importantes funciones para la vida tales como la comunicación efectiva, razonamiento, solución de problemas, intuición y creatividad. Y esto es porque no podemos pensar claramente y se nos hace más difícil estar presentes y ser coherentes con nosotros mismos y con otros.

Estrategias para reducir el drama

Reducir el drama en nuestra vida requiere de mucha intención y deseo de atraer aquella versión de nosotros que nos permita ser fuertes, resilientes y optimistas frente a las situaciones que nos ocurren. A continuación, comparto dos claves centrales para ello:

  1. Prestar atención a lo que compartimos con otras personas:

Cuando genuinamente compartimos sentimientos que provienen desde nuestro corazón con otros, esto reduce la tendencia a mantener amplificando y repitiendo el lado bajo de las situaciones y aumenta la tendencia a apoyar y empoderar soluciones que son más beneficiosas para nosotros. Cuando nos volvemos adictos y abrumados por el drama, podemos ayudar a rebalancear esta energía manteniéndonos centrados y calmos. La calma nos ayuda a mantener un balance entre nuestra cabeza y corazón y reemplaza el drama con claro pensamiento y razonamiento. Por ello, centrémonos en acudir a un buen amigo o amiga, o persona querida que nos pueda brindar un buen consejo o mayor perspectiva de las cosas, teniendo una clara intención de estar más claros, calmos y de salir de esa situación que tanto nos afecta.

2. Practicar el momento presente: Enfocarnos en nuestra respiración.

Una maravillosa forma de cortar el drama en este momento es, precisamente, poner en práctica el estar en el momento presente. Para ello, un sencillo ejercicio es el de dejar de lado todo tipo de artefactos electrónicos, estar en un lugar tranquilo, sin ruidos, y cerrar nuestros ojos. Respiremos conscientemente, inhalando por la nariz, y haciendo de cuenta que esa respiración nace y se desarrolla en nuestro corazón. Al ir realizando esta práctica, nos daremos cuenta que el estrés mecánico se va disolviendo, produciendo hábitos positivos y luego seremos capaces de hacerlo a demanda.

En nuestro cotidiano, puede que muchas veces no seamos capaces de detener el drama interno y la ansiedad que nos aqueje en determinados momentos, pero con un poco de compromiso, podemos ver resultados inmediatos en la reducción de nuestra valiosa energía drenada y en hacer opciones que nos hagan movernos hacia adelante.

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